Podría pensarse que la alcaldesa de Guadalupe Ivonne Álvarez y su secretario de Seguridad se encuentran aterrorizados por las amenazas.

Pero la verdad es que ambos inspiran confianza ante tal adversidad.

Y es que tomar el reto de traer al teniente coronel retirado y ex director de Seguridad en Cancún, Enrique Sanmiguel Sánchez, fue una decisión de Ivonne Álvarez que arrancó de tajo un bastión de Los Zetas.

Porque antes de esa acción, en Guadalupe el grupo criminal trabajaba a sus anchas.

Para darse una idea, en esta administración han salido de la corporación 954 elementos entre preventivos, agentes de Tránsito y administrativos.

Todo un ejército que causó baja de la Secretaría de Seguridad por ser encontrados culpables de colaborar con el crimen organizado.

Y otro porcentaje de ellos, porque renunció cuando vio llegar a los mandos militares a tomar el control de la Policía.

Toda una desbandada provocada por la limpia, en una corporación donde hasta los agentes de Tránsito que tenían motocicleta fueron retirados.

No importó a las autoridades de Guadalupe quedarse con un puñado de policías aún siendo el segundo municipio más poblado del área metropolitana, con tal de sanear la corporación.

Por ello es que hoy en día Guadalupe es un laboratorio nacional para la Secretaría de la Defensa Nacional.

Fue directamente la Sedena, que asignó al teniente coronel de Infantería, Enrique Sanmiguel Sánchez, para ser el Secretario de Seguridad de Guadalupe desde la última semana de abril.

Y luego, con la llegada del coronel, Guadalupe se convirtió en el primer municipio de México donde la militarización de los mandos incluyó a personal de la milicia dedicado exclusivamente a reclutar ex soldados en otros estados.

Algo así como lo que está haciendo Fuerza Civil a nivel estatal, pero aquí en el ámbito municipal.

Un verdadero reto, que de tener éxito, puede convertirse en un auténtico prototipo de cómo revertir la tendencia criminal y la inseguridad en una municipalidad.

Claro, nuevamente recurriendo a los militares, porque el llamado a reclutamiento que hace Guadalupe en otras entidades del país, como en el Estado de México, es casi exclusivamente para ex militares.

De hecho, ya están enlistados 75 ex soldados más que causaron baja por razones que no tienen nada que ver con la justicia militar y que pronto ya estarán en Guadalupe.

A parte, solamente son unos 35 jóvenes civiles que están en la Academia de Policía, que sí se apuntaron para trabajar en ese municipio. Pero concluirán sus cursos hasta el mes de agosto.

Pero este cambio de militares en lugar de policías civiles está en su etapa crítica.

Porque la reacción de Los Zetas fue enviar mensajes lúgubres de advertencia.

Ya son seis cadáveres mutilados con mensaje amenazante que fueron encontrados en los alrededores de las instalaciones de la Secretaría de Seguridad.

Uno más, los criminales lo dejaron a las puertas del Palacio Municipal y también llevaba un recado.

El último de estos mensajes, hallado cerca de la Secretaría de Seguridad, fue localizado el 31 de mayo junto a un hombre decapitado.

Según fuentes de la Procuraduría del Estado, el mensaje decía que “eso”, la decapitación, le ocurriría al mando de la policía por “meter las narices donde no debía”.

Y aún con estas amenazas, la alcaldesa, el secretario de Seguridad y su equipo, continúan con la limpia y haciendo frente a los criminales.

Saben que emprendieron un camino sin retorno, que no puede haber vuelta atrás.

Ya le cerraron la puerta a Los Zetas, que se habían metido hasta la cocina de la corporación policial.

EMPEZARON POR LOS ‘HALCONES’