La decisión del CEN del PAN sobre las candidaturas al Senado significa el éxito o el fracaso electoral para el panismo nuevoleonés.
De la designación del líder de la fórmula de senadores depende la repartición de todas las demás candidaturas entre los distintos grupos en pugna.
También depende de esa candidatura el que la vieja cúpula y la neocúpula puedan trabajar en un fin común, en lugar de dividir totalmente al partido.
Así que esa decisión definirá la suerte electoral del PAN en Nuevo León.
Es muy sencillo: El CEN debe decidir entre otorgarle el liderazgo de la fórmula de senadores a la neocúpula, que está arriba en las encuestas con Fernando Larrazabal.
O por otro lado, ceder ante la vieja cúpula, los empresarios y los Fernández, para jugársela con candidatos que no están bien posicionados en el conocimiento del electorado, según las encuestas del propio CEN albiazul.
Es un dilema, ir a la segura con neopanistas populares por su trabajo en las calles, o ir con los apellidos de abolengo, los empresarios y la vieja cúpula, pero que promueven candidatos que no salen a las calles desde hace muchos años.
Por ello esta semana arreció una lucha interna de cuatro facciones en el PAN, todas peleando por esta manzana de la discordia, por la candidatura del liderazgo de la fórmula de senadores.
Los cuatro grupos quieren que su candidato lideree la fórmula porque ganen o pierdan el 1 de julio, ese aspirante a senador irá de todas maneras al Congreso de la Unión.
Primero está la vieja cúpula, que apoya la candidatura de Humberto Treviño Landois.
En segundo lugar está el ala empresarial, muy ligada a esa vieja cúpula, que propone a Carlos Garza Ibarra, ex coordinador de campaña de Fernando Elizondo y Jefe de la Unidad de Apoyo a Entidades Federativas de la Secretaría de Hacienda.
La tercera facción que apoya a un candidato específico es la de Los Fernández.
Tanto Alejandra ‘Cana’ Fernández, como Mauricio, el alcalde de San Pedro, apoyan que el liderazgo de la fórmula de senadores sea para Héctor Rangel Domene, director de Nacional Financiera.
Y estas tres facciones utilizaron esta semana una estrategia fundamentada en promover a toda costa a sus candidatos.
Incluso destapando otros más para la senaduría, con el fin de borrar del mapa a la cuarta facción: a la neocúpula.
Como el destape del jueves, de la ex secretaria de Desarrollo Económico del Municipio, Alejandra Sada, o de la ex delegada de la Secretaría del Trabajo Fanny Arellanes.
Pero la cuarta facción, la neocúpula, es muy importante en términos electorales y prácticos para el PAN.
Y es que según las encuestas del propio CEN del PAN, el alcalde de Monterrey Fernando Larrazabal está muy arriba de los demás aspirantes al Senado en cuanto a conocimiento del electorado.
Por ello, si la decisión de la Comisión de Designaciones del PAN es negarle el liderazgo de la fórmula de senadores a la neocúpula de Raúl Gracia y Fernando Larrazabal, el capital político de estos podría actuar en contra del propio panismo.
Hay un ejemplo muy claro. Aquel voto cruzado en la elección a gobernador de Nuevo León en 2009.
En esos comicios ganó Larrazabal la alcaldía de Monterrey, pero el candidato panista a la gubernatura, Fernando Elizondo, perdió la elección en la misma capital neolonesa.
Pareciera que al designar por “dedazo” a Elizondo como candidato y quitarle en esa misma jugada la oportunidad a Larrazabal, todo el capital panista de la neocúpula omitió votar por el abanderado panista a la gubernatura.


