“Agáchense y si pasa algo no asomen la cabeza”, tuvo que decir la madre a sus tres hijos mientras trataba de salir del embotellamiento en Avenida Sendero y República.
El recorrido entre el cruce de avenidas y la plaza, que generalmente realiza esta familia en 2 minutos, se extendió a 20 minutos por el tráfico de las horas pico.
En la radio los noticieros locales anunciaban un incidente violento en la Plaza Bella Anáhuac, pero no daban cuenta de los detalles.
A pesar de la noticia, la única salida del tráfico era entrar a la plaza, aunque ya se veía que la gente salía gritando, llorando, perdiendo el control.
Además, los guardias lucían nerviosos, pero ya era tarde y la mujer condujo el vehículo donde viajaba con sus tres hijos al estacionamiento de la plaza.
Así fue cómo empezó todo. Una secuela de pánico para la madre de un niño de 9 años, otro de 13 y una de 15, que aquel lunes 27 de junio iban a realizar sus compras.
Al estacionar el automóvil, a las 19:20 y bajar para resguardarse en una sucursal de Telcel, las preguntas no cesaban: “¿Qué pasa mamá?”. Ninguna respuesta ayudaba, las patrullas, el caos y el temor colectivo, delataban cualquier mentira sobre el estado de vulnerabilidad.
Lo que había ocurrido es que en la sucursal de Peter Piper Pizza ubicada en esta plaza, fueron atacados a balazos dos hombres ante los ojos de decenas de niños y sus padres. Uno de los hombres murió y otro quedó gravemente herido.
Mientras esto pasaba, decenas de personas se resguardaron en los locales alrededor de una hora.
La mayoría prefirió esperar así para evitar ser víctima de un fuego cruzado en la Plaza Bella Anáhuac.
La mayoría de la gente decidió salir de los locales una hora después.
La madre y sus tres hijos, viendo el descontrol en la plaza comercial, decidieron ir al supermercado para esperar a que se disipara el tráfico y se hiciera menos riesgoso llegar a su hogar en San Nicolás.
Pero una segunda amenaza los puso de nuevo en alerta.
En las bocinas del HEB de Plaza Bella Anáhuac se pidió a la clientela que se resguardara en las bodegas de la parte trasera.
Algunos se metieron incluso en los cuartos fríos, aunque tuvieron que cambiar de escondite rápidamente.
Había niños llorando y personas con ataques de pánico.
Ante la pregunta expresa de si sería una falsa alarma, la madre respondió con otra pregunta: “¿Tantos minutos de falsa alarma?”...
De ese modo estuvieron incomunicados los clientes del súper mercado, sin noticias del exterior, hasta las 9:30 de la noche.
Una vez que el temor y las sospechas de un nuevo atentado se disiparon, los clientes empezaron a salir.
Está claro que luego de la balacera, cuando llegaron las autoridades, éstas ordenaron un cinturón de seguridad en los comercios de la plaza.
Pero no atraparon a nadie, lo único que ocasionaron fue crear más secuelas de pánico entre quienes estaba en los diversos comercios de la plaza.
Pero la madre volvió a casa con sus tres hijos y una nueva consigna para protegerlos mejor de la inseguridad: “Así como está la situación, ¿para qué los arriesgo?, mejor los mando a Estados Unidos”.


