El boom de la democracia interna de los partidos se acabó en Nuevo León.

Aquellas procesos internos de consejeros, las negociaciones y la competencia en los comités municipales de ambos partidos ya son cosa del pasado.

 

Y en el PRI, por ejemplo, volvieron al ultrapasado. Más atrás de los 90 y del nuevo milenio.

 

Ahí una lista controlada por unos cuantos marca quiénes tienen derecho y quiénes no a ser candidatos tricolores.

 

En el PAN ahora son priistas empanizados. Y es que envían a un supuesto perito, el senador Juan Bueno Torio, para que entreviste y enliste a más de 100 aspirantes a candidaturas federales. Sí claro.

 

Es un show electoral que nada tiene que ver con los mejores candidatos, sino con el objetivo real de no retirarle los reflectores a la elección de su candidato presidencial albiazul.

 

Tanto PRI como PAN de Nuevo León simplemente utilizan el “dedazo” para decidir las candidaturas.

 

Y nuevamente no se trata de los mejores, o los menos peores candidatos, sino de cuotas hacia dentro del partido y de los mismos personajes de siempre.

 

No hay un solo caso de un candidato que haya surgido de un trabajo interno en su distrito, de un movimiento ciudadano o de una apertura del partido.

 

Alcaldes que no terminaron su cargo y diputados que no hicieron su trabajo. 

 

Y los ciudadanos de Nuevo León solamente presenciando todos estos brincos de un cargo público a una candidatura.

 

En este caso sí habría que diferenciar a los alcaldes de García, Jaime Rodríguez Calderón del PRI, y de San Pedro Mauricio Fernández Garza del PAN.

 

Porque si se lo proponen pueden brincar de un puesto a una candidatura, pero dijeron públicamente que terminarían su cargo porque concluirán el periodo para el que fueron electos. 

 

Es el mínimo respeto que pueden tener para quienes los llevaron al puesto con sus votos. 

Los ciudadanos dejarían de ser simples espectadores de estos brincos de un puesto de elección a una candidatura con dos reformas fundamentales.

 

La primera, que obligue a los servidores públicos en cargos de elección a culminar sus cargos, excepto por problemas de salud.

 

Y la otra, abrir las candidaturas ciudadanas para que la sociedad deje de ser rehén de los partidos.

 

Pero si no pueden abrirse a procesos democráticos internos, menos lo harán hacia fuera, hacia la ciudadanía.

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