Hay algunas cosas que a uno lo sacan de quicio.

En mi caso, es el hecho de que una persona que se presenta ante los medios, los partidos políticos y las organizaciones filantrópicas como defensora de los perseguidos pueda prestar, hipócritamente, su nombre a una campaña que defiende a la principal apologista de un gobierno que persigue a los inmigrantes.

Para los que recién están sintonizando esta telenovela, la hipócrita es Dolores Huerta, co-fundadora y ex vicepresidenta de Campesinos Unidos de América (UFW, siglas en inglés). Y la apologista es Cecilia Muñoz, directora de la Oficina de Asuntos Intergubernamentales y la hispana de más alto rango en la Casa Blanca.

 

Cecilia Muñoz

 

Huerta es una importante figura histórica en el movimiento chicano de los derechos civiles de los años 60 y 70. Muñoz es la ex vicepresidenta del Consejo Nacional de La Raza, uno de los mayores grupos de defensa de los intereses latinos del país, quien hizo su nombre como elocuente defensora de los inmigrantes.

A pesar de fingir lo opuesto, Huerta no es ninguna campeona de los inmigrantes. Como le dije directamente a ella en la conferencia de 2008 del Consejo Nacional de la Raza, sus elevados ruegos de que se concediera una amnistía incondicional a millones de inmigrantes ilegales tendrían más peso si no provinieran de una persona que ayudó a dirigir un sindicato que —en sus días de gloria— fue un sustituto eficaz del servicio de inmigración. Los campesinos en huelga, y los que negociaban con los agricultores en su nombre, consideraban a los inmigrantes ilegales como una competencia desleal. Los sindicalistas llamaban a “la migra” y reportaban a los inmigrantes ilegales sospechosos, para que pudieran ser deportados. Este hecho ha sido bien documentado en libros sobre la UFW y su triste pasado con respecto a la inmigración.

 

Cecilia Muñoz

 

Muñoz, hija de inmigrantes bolivianos, recientemente ha recibido ataques de otros latinos porque —hablando de triste— se ha convertido en portavoz no-oficial de los Servicios de Inmigración y Control de Aduanas.

Trata, diligentemente, de convencer a los latinos de que las políticas migratorias del presidente Obama no son tan malas como parecen —cuando, en realidad, son peor. Debe explicar cómo fue que Obama se las arregló para deportar números récord de inmigrantes ilegales —más de 1.2 millones en menos de tres años— cuando está imponiendo las mismas leyes bajo las que presidentes anteriores deportaron mucha menos gente.

También recientemente se la agarró propagando información falsa, cuando afirmó que el 55 por ciento de las personas deportadas el año pasado, estaba compuesto de “delincuentes”; un estudio realizado por Syracuse University halló que la cifra real es sólo de alrededor de un 14 por ciento.

Muñoz le es útil a Obama. Primero, es latina, lo que hace más difícil que la gente la acuse de atacar a los latinos. Después, es bilingüe, lo que es útil cuando tiene que aparecer en la televisión de habla española matutina para proyectar una imagen cálida y comprensiva, para después ir a la televisión en inglés por la tarde y proyectar una línea dura y firme.

Por último, Muñoz se ha ganado una considerable cantidad de “credibilidad en la calle” en la comunidad latina, gracias a los muchos años que pasó defendiendo inmigrantes.

Ahora, tras casi tres años en la Casa Blanca de Obama, la credibilidad de Muñoz está destrozada. Eso quedó en claro el 18 de octubre, cuando el programa de PBS, “Frontline” presentó un impactante episodio llamado “Perdidos en la detención”, que relató tristes historias de familias inmigrantes que han sido implacablemente separadas por el gobierno de Obama. Se entrevistó a Muñoz para ese segmento. Su respuesta: “Incluso si se ejecuta la ley a la perfección, habrá padres separados de sus hijos”.

Hace frío aquí o ¿es sólo ella?

Los latinos estaban furiosos. Roberto Lovato, co-fundador de la organización de base Presente.org, la atacó cuando expresó a los reporteros: “Ser latina no te da permiso para defender, y manipular, las políticas que asolan a las latinas. Muñoz está ahí hablando sobre los inmigrantes como si fuera un hombre blanco republicano. El mensajero ha cambiado, pero el mensaje es el mismo”. Otros pidieron la renuncia de Muñoz.

En respuesta, los líderes de 18 grupos de izquierda —muchos de ellos amigos de Muñoz antes que fuera a trabajar para Obama— cerraron filas. Escribieron una carta dando fe del carácter de Muñoz y afirmando que ella no es la responsable de las políticas que defiende.

¿Entre los que firmaron la carta? Dolores Huerta, defensora de los perseguidos.

Ahora, en lugar de que se le enseñe dónde está la puerta, parece que Muñoz será promovida. Fuentes allegadas me indican que es la escogida por Obama para dirigir el Consejo de Política Interna de la Casa Blanca, que ayuda a moldear la política interior y asesora al presidente.

¿Duro de tragar, no es cierto?

ruben@rubennnavarrette.com     

(c) 2011, The Washington Post Writers Group

 

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