Dejemos algo en claro.
A nadie se le prometió que en el curso de su vida no se sentiría molesto por algo, incómodo o incomodado. Cuando eso sucede —y sucederá— se hace lo que hacen los adultos: aguantarse, o abandonar el entorno que está causando esa molestia e irse a otra parte.
Alguien va a entrar en su espacio y hacer algo que a uno le irrita. Pero la respuesta apropiada no es siempre prohibir fumar, prohibir usar malas palabras, prohibir la comida al paso, etc. A veces, todo lo necesario es hablar y pedir a esas personas que sean más consideradas. Si se niegan a hacerlo, no se apresuren a llamar al concejal municipal o a presionar a un establecimiento para que prohíba la entrada de grupos enteros de personas. Sólo hay que tolerarlo o irse.
Se tendrá una vida más feliz y menos estrés, si se comprende pronto la diferencia entre el espacio privado y el espacio público. En el espacio privado, uno puede hacer lo que le dé la gana y puede pedir a todo el que vaya a entrar en ese espacio que haga también lo que uno quiere: “Antes de entrar en mi casa, por favor, quítese los zapatos”.
Pero cuando uno entra en un espacio público, hay que renunciar a la expectativa de que uno puede controlar el comportamiento de los demás para que uno se sienta más cómodo. Cuando uno va en su automóvil al trabajo, puede hacer lo que le plazca -en la medida que respete la ley- pero cuando viaja en metro, necesita aprender a aguantar conductas que podrían resultarle irritantes, como hablar en voz alta, niños revoltosos, etc.
Es de sentido común, pero aparentemente, no lo suficientemente común. Una persona que parece haber carecido de él es Mike Vuick, el propietario de McDain's Restaurante, un restaurante informal ubicado en Monroeville, Pennsylvania.
Observen que no lo denominé como un “restaurante para familias”. Vuick renunció a ese título, cuando anunció la prohibición de niños menores de 6 años. Eso es llevar la frase “Nos reservamos el derecho a negar servicio a cualquiera” un poco lejos, ¿no es cierto?
Vuick expresó que decidió instaurar esta nueva regla tras las quejas de muchos comensales sobre pequeños ruidosos y bebés llorando en las mesas vecinas. En un mensaje electrónico a sus clientes, explicó el cambio de la siguiente manera: “Pensamos que McDain's no es un lugar para niños pequeños. Su volumen no puede controlarse y muchas, muchas veces han molestado a nuestros clientes”.
Vuick expresó a la estación de televisión local que, aunque personalmente no tiene nada en contra de los niños, piensa que los gritos y los llantos en los restaurantes son “el máximo de la falta de cortesía y del egoísmo”.
Por supuesto que son descorteses y egoístas. Son niños que aún no han cumplido 6 años. Todos sabemos que los niños no se vuelven, por arte de magia, “corteses” y “desinteresados” hasta cumplir por lo menos 7 años.
O quizás Vuick estaba hablando de los padres de los pequeños gritones. Probablemente no pueden controlar a sus hijos, y deberían tratar con más ahínco. Eso es cierto. Pero ¿ese hecho vuelve, necesariamente, a los padres descorteses y egoístas? Con respecto a la queja de Vuick de que con los niños “no se puede controlar el volumen”, miren, son niños no televisores ni parlantes.
Demos un respiro a estos padres. Quizás estén abrumados o teman empeorar una situación de por sí mala al reprehender a los niños con demasiada severidad en público. Además, si uno de sus hijos está gritando, uno no está pensando en la gente de “las mesas vecinas”. Por ser padre de niños pequeños, les puedo decir que uno está sólo tratando de hacerlo callar.
La gente necesita relajarse y dejar de estar tan desesperada por controlar todas las situaciones. No vivimos en una burbuja.
Aún así, es el restaurante de Vuick, y él puede declararlo como “zona libre de niños”, si es eso lo que desea hacer. No es ilegal. Pero, no se confundan, su política es indefendible. Discrimina a los padres con los niños y por tanto, coloca una carga injusta sobre ellos; después de todo, prohibir la entrada de un niño en un restaurante significa prohibir también la entrada del padre.
Pero el problema real con la “prohibición de niños” propuesta por Vuick es que es un coadyuvante perjudicial. Sólo alienta más quejas de los clientes sobre “las mesas vecinas”. Toma todo lo que sabemos sobre cómo el mundo no se acomodará a uno y lo pone patas arriba, al acomodar a los que se quejan en voz más alta.
Las personas han pasado años preocupados sobre si están mimando a sus hijos. Lo que debería realmente preocuparnos es si estamos mimando a los adultos.
ruben@rubennavarrette.com
(c) 2011, The Washington Post Writers Group



Comentarios(4)
No entiendo el punto de este artículo y tampoco estoy de acuerdo en el planteamiento que hace su autor al indicar que tenemos que aguantarnos o irnos. Precisamente ese es el problema que tenemos en nuestro país. Los mexicanos somos tan tibios que preferimos aguantarnos en lugar de levantar la voz y como no nos podemos ir, bueno, la mayoría.
Me parece increíble que la época de la inclusión y la tolerancia sea justo el tiempo de la individualidad enaltecida. Todo el que festeja estas medidas muestra su intolerancia y poca flexibilidad, y seguirá apoyando que se pongan en práctica hasta que le afecten, porque siempre hay cosas que fastidian, y lo que hoy puede parecer ridículo a algunos prohibir, es para otros una necesidad inaplazable. ¿Quién no ha tenido que sufrir el perfume de otra comensal? ¿o una discusión acalorada entre adultos en la mesa vecina que verdaderamente hace incómodo comer? He visto más padres avergonzados reprehender a su hijos con mucha más severidad de lo requerido simplemente por no quedar como permisivos. Y al final, pierden opciones los padres de niños que no causan problema alguno. Tal parece que la elección de la sociedad actual es: si no te gusta, échalo, ponlo donde no lo tengas que ver siquiera. ¿No es eso fascismo?
no estoy de acuerdo para nada, es tan facil salir con el ni;o llorando,,,uno de los padres, esto pasa en lo cines tambien, pero a los padres no les importan los demas y esto es un egoismo tan grande.
El no poder controlar el ruido de al lado es de un dolor insoportable,,,semejante incluso a la tortura, los volumenes de los bebes estan dise;ados para desquiciar, (para la supervivencia del bebe que pide comida) y mas si no es tu propio bebe. Reto a este escritor a que se quede mas de 1 hora con un bebe que llora o un ni;o que grita, y que mantenga la calma
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