El presidente estadounidense, Barack Obama, viajará esta semana a Nueva York a la reunión anual de líderes mundiales para reafirmar su compromiso a “la nueva era del multilateralismo”. Sin embargo, llegará cuando las Naciones Unidas, la institución mundial más representativa del multilateralismo, batalla para mantener su relevancia en el escenario global.
Desde diplomacia nuclear a negociaciones económicas entre las naciones del Grupo de 20 y conferencias de paz en Medio Oriente, diplomáticos de la ONU han sido relegados frecuentemente a jugadores pequeños este último año.
Aun sobre cambio climático, asunto que las Naciones Unidas ha tratado de reclamar como suyo, el órgano mundial ha fallado en demostrar progreso. Las altamente anticipadas negociaciones en Copenhague fracasaron en diciembre.
Para una institución que cuenta con muchos capítulos de orgullos, estos son tiempos duros.
“Muchas asuntos importantes se juegan fuera de las Naciones Unidas”, comenta Bruce Jones director del Centro de Cooperación Internacional de la Universidad de Nueva York.
“Aquellos días cuando Estados Unidos y los europeos podían arreglar todo en las Naciones Unidas han terminado, y no hemos visto la emergencia de una nueva plataforma de acción o algún consorcio dentro de la ONU”.
Jones apunta que la creciente asertividad de poderes emergentes—particularmente China—ha hecho más difícil llegar a un compromiso mundial. Pero las Naciones Unidas se ha debilitado por fracasos y distracciones propias.
El director saliente de la oficina en contra de la corrupción dio una puntada de despedida al secretario general Ban Ki-moon en julio acusándolo de encaminar a las Naciones Unidas hacia una era de decadencia.
Más reciente, un alto oficial chino en las Naciones Unidas, en un arranque propiciado por el alcohol, declaró en un retiro de la ONU que los estadounidenses y su jefe Ban, nunca habían sido de su agrado.
Cuando se le pidió al secretario general que comentara sobre el diplomático chino, en una reciente conferencia de prensa, suspiró y pidió a reporteros que enfocaran su atención en asuntos internacionales de más relevancia.
La Asamblea General de la ONU, el debate diplomático internacional más grande del mundo, todavía provee la oportunidad para discutir el rol estadounidense en el mundo y la plataforma para que líderes autoritarios expresen sus preocupaciones. Durante la última década la cámara de la Asamblea General ha reflexionado sobre las tensiones que surgen al tratar de crear políticas globales, con comentarios como los del presidente George W. Bush que criticó al mundo por no enfrentar a Saddam Hussein, o los de Hugo Chávez que comparó a Bush con el diablo.
Este año el ambiente es favorable para el presidente Obama que restituyó fondos estadounidenses para las Naciones Unidas, que acabó con el boicot estadounidense del Consejo de Derechos Humanos y que dio nueva vida a los esfuerzos de desarmamiento nuclear de la ONU.
Mañana Obama también reafirmará el apoyo de Estados Unidos a una serie de blancos para el desarrollo de la ONU, también conocidos como los Objetivos para el Desarrollo del Milenio, antes de la inauguración del nuevo periodo de sesiones de la Asamblea General.
Sin embargo, la administración de Obama no hará promesas financieras a la campaña.
Susan Rice, embajadora de los Estados Unidos antes las Naciones Unidas, expresó que esta administración emprendió una marcha para cambiar el tono y la sustancia de sus compromisos con el órgano global, cuya relación había estado marcada por la confrontación.
Destacó las iniciativas del gobierno estadounidense de imponer sanciones de la ONU a Corea del Norte e Irán. Comentó que las Naciones Unidas está proviniendo un rol crítico en el manejo de esfuerzos de paz en lugares como Sudán y apoyo a los esfuerzos de Estados Unidos en Afganistán e Iraq.
También notó el rol importante de las Naciones Unidas para responder a desastres naturales en lugares como Haití y Pakistán.
“Hemos visto resultados tangibles que harán sentir más seguros a los estadounidenses y harán de este mundo un lugar más pacífico y próspero”, comentó Rice.
“Hemos acabado con el innecesario aislamiento de Estados Unidos en diversos asuntos”.
Sin embargo, durante los últimos dos años se han visto menos decisiones tomadas en el Consejo de Seguridad, menos que en cualquier momento desde el fin de la Guerra Fría, de acuerdo a un reportaje de Reporte del Consejo de Seguridad, grupo independiente con fines no lucrativos.
Las fuerzas de paz de la ONU, que crecieron rápidamente durante la administración de Bush, han detenido su progreso. Desde que entró Obama al poder no se ha avalado ninguna misión de paz, aunque el Consejo ha autorizado tropas adicionales en Haití para asegurar el orden después del terremoto en enero.
Mientras, Estados Unidos y sus aliados europeos se han opuesto a las plegarias de líderes africanos urgiendo el regreso de las Naciones Unidas a Somalia. También el Consejo preparó un esfuerzo débil para prevenir muertes en masa de ciudadanos en Sri Lanka.
Por su parte, Rusia bloqueó cualquier discusión sobre el envío de una misión de paz a Kirguistán para frenar la violencia en contra del grupo étnico de los Uzbecos.
La Organización de las Naciones Unidas ha aceptado sus errores en Congo, donde no pudo proveer protección adecuada para las víctimas de violación en masa.
En un intento para promover los esfuerzos de la ONU, Obama participará en una reunión de alto nivel esta semana para instar a campos rivales sudaneses a comprometerse a una elección pacífica.
Edward Luck, historiador del Instituto Internacional para la Paz y quien actúa como consejero informal de Ban, comentó que los esfuerzos de la ONU se han complicado por una situación geopolíticamente estratégica muy turbia.
“La ONU refleja eso”, expresó Luck. “El mundo seguirá confundido mientras la ONU siga confundida”.
(c) 2010, The Washington Post
Traducción: Analucia Cuéllar


