Terquedad, oídos sordos y no corregir el rumbo a tiempo, fueron algunos de los factores que terminaron por hacer explotar a la afición de los Tigres de la UANL. Finalmente el entrenador Daniel Guzmán fue destituido del cargo, pero los directivos tuvieron que esperar a que la violencia llegara al Estadio Universitario que vivió uno de sus hechos más tristes al ver como aficionados del mismo equipo se liaban a golpes, unos por exigir la salida del entrenador y otros por defenderlo debido a compromisos.
La salida del técnico promete calmar un poco a la afición, pero no significa que los felinos dejarán los últimos lugares del futbol mexicano e iniciarán el ascenso a un campeonato que no consiguen desde hace 28 años. Si no se realizan ajustes a fondo, si no se corrigen fallas en otros departamentos, la historia en Tigres está destinada a repetirse.
Estos son los culpables de que la ciudad de Monterrey vuelva a ser noticia a nivel nacional e internacional:
SANTIAGO MARTÍNEZ
El presidente tapatío de los Tigres llegó hace un año al equipo y contrató a su amigo Daniel Guzmán, a quien ya conocía al haber trabajado juntos en las Chivas del Guadalajara. Martínez demostró terquedad al mantener en el puesto a un entrenador que solamente había ganado dos partidos en 11 juegos disputados hasta antes del sábado. La idea del presidente era continuar con el director técnico aunque los resultados no se dieran porque esa era una práctica que no le había rendido resultados al equipo felino. El directivo demostró su desconocimientos de la plaza de Monterrey, donde la afición es apasionada. Su terquedad contribuyó a que los aficionados terminaran por enfrentarse entre sí.
DANIEL GUZMÁN
El técnico de Tigres nunca tuvo la humildad y profesionalismo para hacerse a un lado pese al pésimo trabajo del equipo y los malos resultados. Apoyado por la seguridad que le daba el presidente, Guzmán se atrevió a cuestionar a la afición de Tigres, compararla con la de otras ciudades, correr del entrenamiento a seguidores que iban a reclamarle a los jugadores la humillante temporada y hacer declaraciones que parecían más burla que algo serio. Lejos de llevar una buena comunicación con la afición y los medios, Guzmán tomó una postura de autoridad en la que sus decisiones eran las únicas que importaban y valían. Pese a tener un año en la ciudad, nunca se empapó de la pasión con la que la gente vive el futbol en Monterrey.
LIBRES Y LOKOS
El llamado grupo de apoyo, pero que no es más que una barra brava que espera cualquier oportunidad para desfogar sus institntos violentos, fue la que inició la batalla campal en el Estadio Universitario. Creado a mediados de los 90, este grupo de jóvenes ha estado en el ojo del huracán en un sin fin de ocasiones. Su existencia es alimentada por directivos, que les regalan boletos para entrar al estadio y les dan facilidades para viajar cuando el equipo juega en otras ciudades. Algunos jugadores les dan dinero para que no los ataquen y para que hagan lo que hicieron el fin de semana, defender lo indefendible. En esta ocasión a los integrantes de esta barra no les pareció que otros aficionados gritaran consignas contra el técnico y la directiva. Lo peor es que ahora directivos y jugadores les tienen miedo y se ve muy difícil, por no decir imposible, que desaparezcan a estos radicales.
SINERGIA DEPORTIVA, CEMEX Y LA UANL
Ninguno de ellos supo exigirle un cambio al presidente Santiago Martínez. Mientras Cemex le dejaba el control total de las decisiones pese a la molestia de la afición, creyendo que el camino que se seguía era el correcto, el odio y frustración de los aficionados fue creciendo. La Universidad Autónoma de Nuevo León nunca hizo algo concreto por exigir la mejoría del equipo. Existe una cláusula en el contrato de arrendamiento del equipo en la que si el nombre de la Máxima Casa de Estudios de Nuevo León era ensuciado, el equipo regresaría a sus manos. Ni el rector ni aluna figura de autoridad aparecieron para al menos solicitar información sobre qué medidas planeaban hacer los admintradores del equipo para mejorar el paso.



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