En 2008, Barack Obama prometió a los hispanos que, si resultaba electo, convertiría la reforma migratoria en suma prioridad.
Quebró esa promesa y se fue al otro extremo al deportar a más de 1.2 millones de inmigrantes ilegales y separar cientos de miles de familias.
Pero ¿lo hizo, realmente? A pesar de docenas de artículos periodísticos y reportajes televisivos que indican lo contrario, aparentemente Obama nunca quebró su promesa de la campaña con los hispanos.
¿Quién lo dice? Obama. Ya no presenta excusas; su nueva estrategia es negar que debe presentar excusa alguna.
El presidente puso a prueba este asombroso argumento, recientemente, durante una entrevista con Eddie “Piolín” Sotelo, de Radio Univisión, una personalidad de la radio en español, cuyo programa es escuchado por muchos inmigrantes latinos.
Puesto que el probable candidato republicano, Mitt Romney, parece estar esforzándose sobremanera para hacerse odioso a los latinos, echándose a la derecha en el tema de la inmigración, Obama no debe preocuparse de que grandes números de latinos deserten de las filas demócratas y voten por los republicanos.
La inquietud es que los latinos, al estar tan decepcionados por el propio viraje a la derecha de Obama en este asunto, no se molesten en votar.
Una encuesta de Univisión/ABC News/Latino Decisions de enero mostró que el presidente salía muy bien parado cuando se lo enfrentaba a Romney o a otros adversarios republicanos. Pero también informó que el 53 por ciento de los electores latinos de toda la nación siente menos entusiasmo por Obama del que sentía hace tres años.
El plan de Obama para asegurar que los latinos vayan a las urnas es engañarlos para que piensen que él los ha apoyado todo el tiempo y que, en todo caso, un presidente republicano sería mucho peor.
La Casa Blanca también está tratando de convencer a los latinos de que el asunto que realmente le importa a su comunidad es la Ley DREAM, que brindaría a estudiantes indocumentados categoría legal, si asistieran a la universidad o se incorporaran a las fuerzas armadas. Romney ha amenazado con vetar la ley; Obama dice apoyarla, aún cuando no levantó ni un dedo para presionar a los demócratas del Congreso a que la aprobaran cuando fue a votación en 2010.
Durante la entrevista radial, Obama sacó a colación la oposición de Romney a la Ley DREAM, pero recibió algunas preguntas duras del presentador. La primera pregunta fue la siguiente: “Durante su presidencia usted no ha producido la reforma migratoria que esperábamos.
Miles de familias han sido separadas por la deportación, dejando a sus hijos atrás, solos en este país. ¿Piensa usted que aún cuenta con el apoyo de la comunidad latina?” Otra pregunta: “Existe la percepción de que usted quebró su promesa de lograr una reforma migratoria; ¿piensa usted que quebró su promesa?”
Obama respondió: “Piolín, sólo hubiera quebrado mi promesa si no hubiera intentado. Pero, en última instancia, soy un hombre. Sabes, vivimos en una democracia. No vivimos en una monarquía. No soy el rey. Soy el presidente. Y por lo tanto, sólo puedo implementar las leyes que el Congreso aprueba”.
Ya escuchamos eso antes. Obama obviamente está contando con el hecho de que los latinos estaban preocupados, el año pasado, cuando el representante Luis Gutiérrez, demócrata por Illinois, y las organizaciones de base latinas lo urgieron a utilizar una herramienta reservada a los presidentes —el poder ejecutivo— para detener las deportaciones de los padres de hijos nacidos en Estados Unidos y de estudiantes que cumplían con los requisitos para obtener categoría legal bajo la Ley DREAM. Obama probablemente espera también que no hayan prestado atención a la noticia de que, más tarde, emitió un montón de órdenes ejecutivas para encarar otros asuntos que obviamente le importaban más, como los préstamos estudiantiles y la ayuda para las hipotecas.
En la entrevista radial, Obama también dijo que espera que los electores latinos se mantengan “centrados en los que están impidiendo que una reforma migratoria integral tenga lugar”. No es culpable de eso, insistió. “Puesto que apoyo al 100 por ciento una reforma migratoria integral”, expresó, “obviamente no soy un obstáculo para que ella tenga lugar”.
¿Realmente? En todo debate nacional, el presidente sienta el tono moral. Aquí, Obama ha mostrado a los líderes políticos que pueden maltratar a los latinos, mentirles sobre lo que está ocurriendo y, aún así, evitar pagar el precio, si les convencen de que la alternativa es peor.
Ya no es suficiente decir que el presidente Obama no tiene respeto por los latinos y no los teme. Estamos más allá de eso. Al negar lo que ha hecho, Obama ha demostrado que ve a los electores latinos con desprecio. En este momento, para todo el que esté prestando atención, el sentimiento debería ser mutuo.
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(c) 2012, The Washington Post Writers Group


