La ola de cambios y revoluciones que se vive en Medio Oriente y el norte de África ha tenido un impacto colateral en Europa. Tunecinos, sirios y libios están huyendo de sus conflictivos países con rumbo al viejo continente, provocando así una crisis migratoria que podría reconfigurar el acuerdo de Schengen y el libre tránsito de personas.
Por mar y tierra, cientos de individuos provenientes de la región en conflicto están llegando a Italia y Francia para iniciar su travesía migratoria a través de Europa. Los más visibles son los tunecinos, que a pesar de haber inspirado a otros países de la región con el inicio de su revolución en diciembre de 2010, siguen teniendo problemas estructurales. Las promesas de cambio no se han materializado, y ante la falta de oportunidades, empleo y seguridad, miles de jóvenes prefieren emigrar.
La llegada de estos inmigrantes ha hecho que algunos gobiernos cuestionen y revisen el actual modelo de libre tránsito europeo, uno de los valores fundamentales de la idea de crear una Europa unida.
El multiculturalismo ya ha sido puesto en tela de juicio incluso por Angela Merkel en Alemania. En Dinamarca, el gobierno conservador ha anunciado la suspensión unilateral de las actuales medidas migratorias acordadas por la Unión Europea (UE). Además, los gobiernos de Nicolas Sarkozy, en Francia, y de Silvio Berlusconi, en Italia, están proponiendo una revisión general de las políticas migratorias europeas.
El tema ha cobrado tal importancia, que se espera una reunión de los miembros de la UE en junio para discutir las medidas que se deben tomar para frenar el incremento de la inmigración ilegal.
Y, por si fuera poco, el periódico británico de The Guardian reveló que el régimen de Muamar el Gadafi “está permitiendo el hacinamiento de miles de inmigrantes del África subsahariana en buques aptos para navegar, en un aparente intento calculado de usar la inmigración para presionar a la OTAN y a los países de la UE para que dejen de apoyar a los rebeldes en Libia”.
La UE tendrá que discutir en junio el tema de la inmigración y el libre tránsito de personas. Y lo hará en un contexto nada alentador: el incremento de inmigrantes originarios del norte de África, el ascenso al poder de los partidos de extrema derecha y el envío de inmigrantes desde Libia con el sello chantajista de Gadafi.
FRANCIA E ITALIA
La crisis sobre la inmigración ilegal en la zona Schengen escaló en abril pasado, cuando el gobierno de Francia bloqueó en la estación fronteriza de Ventimiglia el acceso de un tren proveniente de Italia. Los pasajeros eran migrantes tunecinos y activistas políticos que querían pasar a Menton, población ubicada en territorio galo.
El bloqueo se dio después de que Italia anunció que había otorgado permisos de residencia a unos 25 mil árabes, lo cual les permite entrar a cualquier país de los 25 que integran el área Schengen. Y era de esperarse que la gran mayoría de ellos buscara llegar a Francia por cuestiones de idioma.
A raíz de este incidente y de la llegada de miles de inmigrantes vía Italia, Sarkozy y Berlusconi han hecho un llamado a la UE para que permita a cada país implementar sus propias medidas de control migratorio.
Existe una preocupación legítima de los gobiernos de Francia e Italia, pero también es una realidad que la extrema derecha ha ganado espacios de poder en Europa, lo que ha provocado que se dedique más atención a los temas de nacionalismo y xenofobia.
En Italia, la voz de la campaña antiinmigración corresponde al ministro del Interior Robert Maroni, quien pertenece al partido xenófobo Liga del Norte. En Francia, muchos ven la actitud de Nicolas Sarkozy como un intento de diluir la creciente popularidad de Marine Le Pen, la nueva líder de la extrema derecha francesa que aglutina el partido Frente Nacional.
ALEMANIA
En los últimos meses, los alemanes se han enfrascado en un debate sobre la integración y el multiculturalismo. Su percepción de los extranjeros se ha ido enrareciendo: 30 por ciento de los alemanes creen que su país está siendo “invadido por extranjeros”, según la Fundación Friedrich Ebert.
Y para redondear esta percepción, la canciller Angela Merkel dijo hace unos meses que los intentos que ha hecho Alemania por construir una sociedad multicultural han “fallado totalmente”. El término alemán para referirse a la armoniosa convivencia multicultural es “multikulti”, pero Merkel señaló que la idea de que inmigrantes y alemanes “vivieran codo a codo” de manera feliz no ha funcionado porque los inmigrantes son renuentes a integrarse.
En el contexto de la revisión del acuerdo de Schengen, aunque el gobierno alemán se ha quejado de que la política de libre tránsito y de fronteras abiertas no debería “sacrificarse por razones de política interna”, lo cierto es que en Alemania sigue ganando adeptos la percepción de que los inmigrantes sólo llegan por los beneficios sociales. De seguir expandiéndose esta visión de los extranjeros, sería todo un caldo de cultivo que podrían aprovechar los partidos alemanes de extrema derecha, como ha sucedido en otras naciones de Europa.
DINAMARCA
A través de su dirigente Pia Kjærsgaard, el Partido de la Gente, que es de extrema derecha, presionó al gobierno danés para que implementara controles en la frontera con Suecia y Alemania a fin de contrarrestar la inmigración ilegal y el crimen organizado. Este partido ha sido un aliado fundamental para el gobierno de centroderecha que gobierna en Dinamarca desde 2001.
“En los últimos años hemos visto el incremento del crimen transfronterizo, y esta medida está diseñada para atacar ese problema. Estaremos construyendo nuevas instalaciones en la frontera con Alemania, con nuevos equipos electrónicos e identificadores de placas”, dijo hace unos días Claus Hjort Frederiksen, ministro de Finanzas de Dinamarca.
Pero hace unos días, la Comisión Europea frenó todo intento del gobierno danés de ignorar las leyes de la UE. Incluso amenazó con “tomar todas las medidas que sean necesarias” para que se aplique la normatividad actual de la UE sobre el libre movimiento de personas.
Lo cierto es que Dinamarca es el país que ha asumido la postura más antiinmigrante entre las 25 naciones del área de Schengen. Esto ha sido posible gracias al partido Popular Danés, de carácter nacionalista y antiinmigrante, que está a la vanguardia en el movimiento de extrema derecha que está resurgiendo en Europa.
Acuerdo de Schengen
Este tratado fue firmado el 14 de junio de 1985 en Schengen, Luxemburgo. Lo que proveía en un principio era la sustitución de la revisión de pasaportes por la revisión visual en las fronteras de Bélgica, Francia, Luxemburgo, Holanda y Alemania Occidental.
Gradualmente, el acuerdo fue complementado con otras medidas, hasta que en 1997, con la firma del Tratado de Ámsterdam, fue incorporado a las leyes generales europeas.
La zona “sin fronteras” del área de Schengen está integrada por 25 países que ocupan un área de más de 4.3 millones de kilómetros cuadrados y donde viven y transitan más de 400 millones de personas.


