Lo De Hoy - A la espera del jefe de Texas

A la espera del jefe de Texas

Los siete aspirantes republicanos a la Presidencia de EU no han logrado convencer a los electores. Por eso, muchos apuntan hacia un potencial candidato: el gobernador texano Rick Perry.
Por Ruben Navarrete 15/06/2011 - 0 comentarios Categoría: Internacional

Aunque siete aspirantes del Partido Republicano a la presidencia se juntaron para un debate en New Hampshire, los ojos de muchos republicanos se dirigieron a Texas.

Desencantados en gran parte con la actual camada de candidatos y dudando de que ninguno de ellos pueda vencer a Barack Obama en la elección general, los electores republicanos no tienen remilgos para expresar a los reporteros que están dispuestos a aceptar más solicitudes.

Ni siquiera el candidato que va a la cabeza, Mitt Romney, es satisfactorio. Aunque tuvo un buen desempeño en el debate, y aunque salió primero en una nueva encuesta de Gallup, en la que el 24 por ciento de los republicanos expresó que es el que tiene más probabilidades de recibir su apoyo para la candidatura presidencial, el ex gobernador de Massachusetts aún va a la zaga en la medida de “intensidad” de los electores, en la misma encuesta. Para decirlo simplemente, no entusiasma a los electores en la misma medida que Michele Bachmann o Herman Cain lo hacen.

Este desencanto en las filas del Partido Republicano ha creado un gigantesco vacío. Por lo que no es de sorprender que algunos republicanos expresen que quieren volver a la mesa de dibujo y crear un candidato híbrido, con una pizca de esta cualidad de una persona y un chorrito de esta característica de otra.

Otros afirman que no hay necesidad de tomarse todo ese trabajo, que ya hay un prototipo que tiene experiencia ejecutiva, el sello de aprobación del “tea party”, antecedentes de haber creado un clima beneficioso para las empresas e incluso algo que generalmente no vemos, en la actualidad, en los republicanos, un atractivo para los hispanos. Desean ver al gobernador del segundo estado de la nación por su población “echar su sombrero” al ruedo.

Fuentes allegadas a Rick Perry informaron a CBS News que el gobernador de Texas está considerando “seriamente” lanzar su campaña para la presidencia. Está manteniendo conversaciones con posibles respaldos financieros y hace poco recibió, nuevamente, en Austin al ex director de su campaña, Rob Johnson, y al excelente asesor político, Dave Carney. Hasta no hace mucho, ambos trabajaban para Newt Gingrich y su abrupta partida sugiere que saben algo sobre los planes de Perry que nosotros no sabemos. 

Si Perry realmente se presentara, nadie quedaría más sorprendido que muchos de los mismos texanos. Viví en Dallas cinco años y aún tengo muchos amigos en el Estado de la Estrella Solitaria, tanto republicanos como demócratas. La mayoría de ellos piensa que Perry no se presentará como candidato. Es la misma respuesta que obtuve hace unas semanas durante un viaje a San Antonio, cuando ninguna persona con la que hablé consideró que hubiera nada firme y todos trataron la idea como un rumor, eso sí, jugoso.

Algunos piensan que Perry está tratando de que su nombre esté en el candelero para construir su marca de manera tal que cuando abandone el que muchos creen que será su último período, tenga más oportunidades en el sector privado. Otros se sienten escépticos ante la posibilidad de que Perry pueda -desde su posición en Austin- armar una organización nacional para competir con Romney, Gingrich, Bachmann y los demás.

Personalmente, espero que Perry entre en el grupo. Podría aportar mucho a esta contienda. Si Sarah Palin no se presenta, y resulta que su gira en ómnibus no fue más que otro truco para llamar la atención, entonces habrá necesidad de un candidato republicano con el que el estadounidense medio pueda identificarse. Ése es Perry.

Perry tiene aspectos positivos y negativos, pero también los otros los tienen. En cuanto a lo positivo, es afable, encantador y hace buenas campañas. En lo negativo, puede ser intensamente desagradable, especialmente en un debate, y a veces hasta sus mismos seguidores dudan de su autenticidad y veracidad.

Si ustedes piensan que Mitt Romney y John Kerry cambiaron olímpicamente de chaqueta, ya verán cuando le echen una mirada a Rick Perry. 

Por un lado, utilizó el dinero del estímulo federal para apuntalar la economía de Texas; por el otro, amenazó con la secesión. En un momento afirmó, cuando lo presionaron durante la campaña para su último intento de reelección, que no sería candidato presidencial; ahora, parece estar dirigiéndose justo a ese objetivo. Firmó una ley que concedía a los inmigrantes ilegales tarifas de matriculación como la de los estudiantes que viven en el estado; después -quizás con un ojo puesto en la candidatura a la Presidencia- declaró a las llamadas “ciudades santuario” un asunto de emergencia para ser abordado por la legislatura del estado.

Así pues, en el mundo ideal de Perry, la policía local y la estatal deberían ayudar a los funcionarios de inmigración a imponer la ley federal y expulsar a los inmigrantes ilegales. ¿Pero cualquiera de los indocumentados que, por algún motivo, se pasa por alto puede quedarse, comprar una mochila e ir a la universidad a una tarifa reducida?

Valdría la pena asistir a una campaña aunque más no fuera para oír una explicación.

ruben@rubennavarrette.com

(c) 2011, The Washington Post Writers Group

 

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