En su tema de 1983 “Matón del barrio”, escrito en defensa de Israel, Bob Dylan coloca el conflicto del Medio Oriente en aguda perspectiva con una letra impactante:

 

“Bueno, derribó a una turba que quería lincharlo, lo criticaron Las viejas lo censuraron, dijeron que debía disculparse. Después destruyó una fábrica de bombas, y nadie se quedó contento. Las bombas eran para él. Debía sentirse mal. Era el matón del barrio.”

 

El último verso se refiere al bombardeo de un reactor nuclear iraquí, en 1981, por Israel. Pero también podría referirse fácilmente a hechos actuales -a saber, el plan que se está incubando en Jerusalén para proteger a 8 millones de israelíes y, francamente, al resto del mundo, de una nueva amenaza: la posibilidad de un Irán nuclear.

 

Éste fue un tema constante de conversación durante un ilustrativo viaje a Tierra Santa, que hice recientemente como parte de un pequeño grupo de periodistas hispanos. Conocimos a más de una docena de funcionarios israelíes, entre ellos, al primer ministro, Benjamin Netanyahu. La excursión fue patrocinada por el grupo America's Voices in Israel con sede en Nueva York.

 

Muchos estadounidenses quizás se encojan de hombros ante la perspectiva de armas nucleares iraníes del otro lado del mundo. Yo mismo caí en esa trampa.

 

Uno está cómodo y comienza a pensar en forma provinciana. Tomando “lattes” de 4 dólares, usamos la palabra “crisis” en forma casual —la crisis de las ejecuciones hipotecarias, la crisis de la deuda, la crisis de los gastos, etc. Más de 10 años después del 9/11, uno baja la guardia y se olvida de que el mundo sigue siendo un lugar increíblemente peligroso.

 

El Medio Oriente generalmente nos lo recuerda. Mientras escribo esta columna, el gobierno de Siria está intentando sofocar una rebelión y la secretaria de Estado, Hillary Clinton, ha advertido que la situación en ese país podría degenerar rápidamente en una “brutal guerra civil”.

 

Mientras tanto, el gobierno de Egipto —que ahora es controlado por el grupo radical Hermandad Musulmana— planea juzgar a 19 estadounidenses acusados de violar leyes de financiación para organizaciones no-gubernamentales extranjeras.

 

Entonces, ¿qué significaría que Irán tuviera armas nucleares? Por lo menos tres cosas: que Israel, la única verdadera democracia del Medio Oriente, viviría bajo la constante amenaza de ser borrada del mapa; que el equilibrio de poder global cambiaría a medida que otros líderes proscriptos y naciones en desarrollo apoyaran el bando iraní; y que Irán podría cerrar el Estrecho de Hormuz, impidiendo el paso de gran parte del suministro de petróleo al mundo, o que podría hacer casi lo que quisiera y el resto del mundo se vería renuente a protestar por temor a provocar un enfrentamiento nuclear.

 

Es una pesadilla tras otra.

 

En las calles de Jerusalén, esto es lo que dicen sobre el presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad —he aquí alguien que niega que el Holocausto tuvo lugar, y sin embargo, si le dieran la oportunidad y si le dieran armas nucleares, con gusto prepararía una repetición.

 

El pueblo israelí cuenta con sus líderes para protegerlo y para proteger al país con toda acción que sea necesaria. El secretario de Defensa, Leon Panetta, alzó las cejas, recientemente, cuando dijo que Israel podía bombardear Irán esta primavera.

 

Pero éste no es un problema sólo de Israel. Irán es una amenaza mundial. James R. Clapper Jr., director de inteligencia nacional, recientemente expresó ante el comité de inteligencia del Senado, que cada vez es más probable que Irán lance ataques terroristas dentro de Estados Unidos “en respuesta a acciones estadounidense reales o percibidas que amenazan al régimen”. Citó un presunto complot del otoño pasado para asesinar al embajador saudí en Washington.

 

Y aquí tenemos más malas noticias. Consideremos la estrecha relación entre Ahmadinejad y el presidente de Venezuela, Hugo Chávez. Un alto funcionario israelí expresó a mi grupo que, sólo con la tecnología que están utilizando los iraníes ahora, sería posible que Irán —si tuviera armas nucleares— colocara misiles en Venezuela capaces de alcanzar Miami.

 

Los estadounidenses ya han visto esta película, con los misiles rusos en Cuba, en 1962. ¿Podría existir la posibilidad de una crisis de misiles venezolana?

 

Hay una calidad farsesca en todo este drama. Si Israel bombardea los sitios nucleares de Irán, podemos esperar que muchos líderes mundiales de Asia, Europa y el Medio Oriente condenen públicamente el ataque —mientras en privado suspiren de alivio. ¿Por qué no ser honestos y decirlo en voz alta?

 

La vida puede ser una locura cuando uno es el matón del barrio.

 

ruben@rubennnavarrette.com

 

(c) 2012, The Washington Post Writers Group

 

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