Sal Khan es un pionero en la educación digital.
Y no lo digo yo, sino Bill Gates.
Hacer que uno de los hombres más influyentes del mundo en el último cuarto de siglo piense eso de ti tiene que estar fundamentado. Y vaya que el trabajo de Sal en los últimos años ha valido la pena.
Todo comenzó como un problema familiar.
En 2004, mientras su familia de Nueva Orleans lo visitaba en Boston. Sal se enteró que Nadia, su prima de 12 años, necesitaba quien le ayudará a entender los problemas matemáticos de las conversiones de unidades.
Sal se ofreció a ayudarla, pero el problema era la distancia.
Una vez que Nadia regresó a Nueva Orleans, Khan comenzó a llamarla por teléfono para explicarle mientras usaba Yahoo Doodle como cuaderno de trabajo común. Organizar las llamadas resultaba costoso y poco práctico, así que Sal decidió mejor armar las clases como videos de YouTube. Los cuales, en pocos meses se convirtieron en una sensación.
Esta historia fue el origen de lo que se ha convertido en una revolución educativa: Khan Academy.
Una verdadera escuela virtual que a la fecha ha dado más de 45 millones de clases alrededor del mundo.
Bill Gates, alumno destacado de Khan Academy
El fundador de Microsoft explica por qué el trabajo de Sal Khan es importante para el mundo.
La creación de la academia
Poco a poco, Sal fue creando más y más videos, consciente de que había un interés genuino por consumir este tipo de contenidos educativos.
Hace apenas cinco meses, gracias a una contribución de la Bill & Melinda Gates Foundation, y el haber ganado el concurso de Google Project 10100 –, Khan Academy pudo tener su propia oficina y comenzar a contratar personas que ayudaran a Sal con la carga de trabajo. Actualmente, la academia digital opera con seis miembros de tiempo completo.
A la fecha se han generado dos mil 100 videos sobre álgebra, aritmética, cálculo, química, astronomía, finanzas, trigonometría e historia; los cuales dan forma a todo un programa de estudios, el cual abarca contenidos básicos de primaria hasta preparatoria. Los contenidos están divididos en lecciones de video menores a 12 minutos que permiten a los alumnos avanzar a su propio ritmo y en áreas en las que necesitan cimentar su conocimiento.
Es una manera más libre, pero no por ello menos efectiva.
Una Academia Global
No solo se necesita Internet para hacer de este proyecto una verdadera escuela global. Se necesita traducción.
Ahí es donde entra Bilal Musharraf.
“Yo era un fan de Khan Academy aún antes de formar parte de ella”, dice el graduado de Stanford quien por su propia cuenta tradujo videos de ejercicios al Urdu, idioma nacional de Pakistán.
El año pasado, Bilal conoció a Sal en un evento en San Francisco. Platicaron sobre el proyecto, y Sal lo invitó a participar una vez que hubiera recursos. Con los 2 millones de dólares recibidos por parte de Google, Musharraf pudo entrar de lleno a la tarea de realmente globalizar el contenido. Ahora, Musharraf es el decano de traducciones en la academia.
La meta es hacer que para el final de este año, todos los videos de la librería estén disponibles en las 10 lenguas más habladas del mundo.
Musharraf cree que el español es el lenguaje de mayor prioridad a desarrollar durante este año para este grupo sin fines de lucro. Por lo que esperen escuchar más de la Academia Khan en los próximos meses.
La importancia del microconocimiento
Para Musharraf, es verdaderamente revolucionario por su manera orgánica y espontánea de crecer basada en el ‘microknowledge’ (microconocimiento). “Lo mismo que el microfinanciamiento le causó al mundo financiero, Khan Academy le está haciendo al mundo del conocimiento”. Esto hace a Sal Khan el Muhammad Yunus de la educación.
Musharraf cree que cada video es “una pepita de conocimiento que necesitas para llenar huecos donde quiera que los tengas”. Un contenido invaluable que debe ser aprovechado.
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