El año pasado se puso de moda en Alemania la palabra wutbürger. Fue tal su uso y alcance, que la Gesellschaft für Deutsche Sprache (Asociación de la Lengua Alemana) la escogió como la palabra del año en 2010.
¿Qué significa wutbürger? La traducción literal es “ciudadano rabioso” o “ciudadano enfadado”, pero su verdadero significado va más allá. Se trata de una nueva actitud, un movimiento ciudadano que está fuera de la estructura clásica de partidos y sistemas parlamentarios.
Se trata del despertar apartidista de los ciudadanos alemanes que “tradicionalmente aceptaban el statu quo y la estructura convencional de los principales partidos políticos”, explica Andrea Römmele, profesora de la Escuela Hertie de Gobierno de Berlín, en una entrevista publicada en The New York Times.
Que las protestas espontáneas de los wutbürger vayan en aumento en Alemania es motivo de preocupación para la clase política de ese país. También refleja la fractura que existe entre las decisiones que toma el gobierno y las necesidades de los ciudadanos.
La frustración y el enojo de los ciudadanos han tomado por sorpresa a los políticos. Sobre todo porque desde el año pasado son más frecuentes las protestas y manifestaciones espontáneas contra algunas políticas públicas.
Para medir la fuerza de los wutbürger, basta ver el ejemplo de Stuttgart, la capital del estado Baden-Württemberg. Miles de ciudadanos protestaron contra la construcción de una nueva estación de ferrocarril que conectaría varias estaciones alemanas con París. Los ciudadanos consideran que es una obra innecesaria. Además, debaten que se destine un presupuesto tan elevado para su construcción. En total, la cifra es de 11 mil millones de euros, 6 mil millones más que lo presupuestado en 2004.
Como no fueron escuchados por el Partido Unión Demócrata Cristiana (UDC), que es el de la canciller Angela Merkel, decidieron dar su voto al Partido Verde de Alemania, el cual consiguió victorias electorales regionales nunca antes vistas. En respuesta al voto ciudadano, Winfried Kretschmann, el nuevo ministro presidente del estado Baden-Württemberg, ha prometido realizar un referéndum para decidir el futuro del proyecto ferroviario “Stuttgart 21”.
Una de las manifestaciones más recientes de los wutbüger fue a finales de abril, cuando protestaron contra el uso de la energía nuclear. Miles de personas se congregaron en las inmediaciones de las plantas nucleares de Biblis, Grohnde y Grafenrheinfeld para hacer público su rechazo.
La existencia de los “ciudadanos enfadados” demuestra que los partidos políticos alemanes han perdido el contacto con la sociedad de a pie. Y este ejemplo es paradigmático porque se da en un país donde la ciudadanía tiende a mantenerse al margen de la cultura de la protesta. Pero no se trata de un fenómeno exclusivamente teutón, ni mucho menos. En España también han salido a la calle los “indignados”.
La indignación española
El 15 de mayo (15M) de 2011 surgió en España un movimiento sorpresivo que, a diferencia del Mayo Francés, con el que se le compara, busca promover la democracia de manera pacífica y fuera de los dos partidos dominantes, el conservador Partido Popular (PP) y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE).
Sin líderes formales, ni rígidas estructuras, este movimiento ciudadano está integrado por parados (desempleados), mileuristas –personas cuyos ingresos mensuales no superan los mil euros–, inmigrantes y ciudadanos en general. No se trata solamente de la cara joven de la España desempleada, como se interpretó en un principio y se difundió en diversos medios de comunicación y en la Red. Su mejor definición proviene de la práctica, de la denominada Acampada Sol y el resto de acampadas y manifestaciones que se llevan a cabo en distintas ciudades del país.
A diferencia de otros años, el movimiento no sólo despegó a través de las acampadas en las calles, sino también a través de las redes sociales, como Twitter y Facebook, aunque éstas sirvieron como herramientas de promoción, no como detonadores.
Los precursores del movimiento que comenzó el 15 de mayo consideran que la crisis actual es producto de la corrupción y la falta de ética de la banca mundial. Pero aunque España es uno de los países europeos más afectados por esa corrupción, se espera que su Producto Interno Bruto (PIB) cierre este año con un crecimiento de 0.6 por ciento, el primer número positivo desde 2008.
Los jóvenes sienten que su futuro está en riesgo porque sólo reciben ofertas de empleos precarios y no disponen de los medios económicos para tener una vivienda digna. El único sistema vigente de empleo es para puestos públicos, el llamado “concurso público”.
La juventud española considera que el sistema democrático de España y Europa es tan cerrado, que no encuentra en los partidos políticos una vía para expresar su inconformidad ni disposición para trabajar en conjunto con la clase política.
El movimiento 15M promueve la comunicación horizontal, el diálogo, el debate y la generación de ideas plurales para crear un método que cultive el espíritu de la humanidad y promueva la conjunción de propuestas que permitan hacer frente a la crítica situación de España y el mundo.
Se autodefinen como “El ágora de nuestro siglo”, según Argiro Giraldo Quintero, el abogado en turno del Comité Legal de la Acampada Sol. No se perciben como un proyecto porque no tienen un organigrama ni practican la comunicación vertical.
“Eso es la luz que se expande desde la Puerta del Sol, porque la estructura vertical se da para procesos ejecutivos... El líder aquí puede ser una persona anónima que acaba de llegar y trae una idea magnífica de su barrio, el líder aquí es la razón”, dice.
Un estudio realizado por Havas Media señala que 80 por ciento de los españoles apoya al movimiento 15M, pero 60 por ciento cree que es una iniciativa que no tendrá repercusiones significativas.
Los resultados de la encuesta también revelan que 55 por ciento de los entrevistados consideran que se debe abandonar la práctica de acampar para emprender otras, y 44 por ciento confían en que la situación personal de los españoles mejorará a partir del 15M.
Fernando Olmeda, periodista y politólogo español, dice que España siempre llama la atención con acciones como el 15M, pero piensa que es cuestión de tiempo para que germine la semilla del cambio. Y aunque el movimiento es minoritario con respecto a la población española, lo describe como una irrupción en el panorama público. Sólo espera que no sea efímero.
“Para que se mantenga en el tiempo, no basta con mantenerse en las asambleas de barrio, se debe articular. No bastan ideas, hacen falta personas que encarnen el espíritu de este movimiento”, advierte.
De hecho, una de las críticas al movimiento es su falta de claridad en cuanto a un plan o agenda porque esto demerita su fuerza.
El 15M no cuenta con el respaldo de los ciudadanos que pertenecen a los segmentos de población que no han sido afectados de manera determinante por la crisis. Tampoco lo apoyan quienes consideran que un movimiento de esta índole sólo alza la voz, pero carece de un argumento de peso que pueda traducirse en una reforma del gremio político.
Recorte de socialistas
El impacto político derivado de la crisis económica mundial ha golpeado brutalmente a los gobiernos progresistas de Europa. Y con ello se ha visto una tendencia electoral que ha favorecido a los partidos conservadores, liberales y hasta xenófobos.
Los casos más recientes se dieron en la península ibérica. En Portugal, el conservador Partido Social Demócrata (PSD), con Pedro Passos Coelho como candidato, se llevó la victoria electoral, acabando así con la era socialista del primer ministro José Sócrates, quien gobernaba desde febrero de 2005.
En los comicios portugueses se combinaron los peores resultados que han visto los socialistas en 20 años (28 por ciento), con los mejores que han obtenido los derechistas del partido Centro Democrático Social en 28 años (11.7 por ciento).
Con Passos Coelho al frente, Portugal deberá aplicar un estricto programa de austeridad pactado con la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional. A cambio, el país recibirá un préstamo de 78 mil millones de euros para sanear su golpeada economía.
España vivió algo similar en las elecciones municipales más recientes. Por ahora es un aviso para los socialistas, el más alarmante hasta ahora. En la prensa española, hay quienes lo comparan con la embestida de un tsunami. En las elecciones municipales, el Partido Popular (PP) del conservador Mariano Rajoy obtuvo el mejor resultado de su historia (37.58 por ciento), contra el peor del Partido Socialista Español (PSOE) de José Luis Rodríguez Zapatero (27.8 por ciento).
Para Zapatero, esto es producto de los estragos económicos causados por la crisis que ya tiene tres años y que no ha dejado de golpear a los “parados”, como llaman en España a quienes no tienen trabajo. En 2010, la tasa de desempleo cerró con un desolador 20.6 por ciento, y es muy probable que la tasa se mantenga por arriba de 20 por ciento a fines de 2011, la más alta entre los países miembros de la OCDE. Pero el golpe más contundente se lo llevan los jóvenes españoles menores de 35 años con una tasa de desempleo que llega al 40 por ciento.
La derrota que sufrió el PSOE en las elecciones municipales más recientes pone contra la pared al gobierno socialista de Zapatero. Con la autoridad que les ha dado su victoria, los conservadores del PP están presionando para adelantar los comicios generales programados para marzo de 2012. Por lo pronto, España se mantiene dentro del cada vez menos numeroso grupo de países gobernados por los socialdemócratas en la Unión Europea: España, Grecia, Eslovenia y Chipre son los últimos bastiones de poder –y en decadencia– de la izquierda europea.
El Partido Socialista Europeo (PSE), organización paneuropea que aglutina a los socialdemócratas, socialistas y laboristas de países miembros de la Unión Europea (además de Noruega), está consciente del reto. Hace unas semanas participó en Oslo en la conferencia “Una agenda postcrisis para las centroizquierdas: Asegurar la prosperidad compartida”. El propósito era replantear el rumbo de la izquierda europea mediante una oferta política que le permita recuperar el terreno electoral que ha perdido a partir de la crisis económica.
Y es que con la derrota socialista en Portugal y la que se perfila en España, se consolida el eje conservador europeo que conforman el Reino Unido, Francia, Alemania e Italia. Pero ni siquiera los gobiernos conservadores pueden cantar victoria.
El hartazgo de los europeos no distingue ideologías ni partidos. Si bien han castigado con el voto a los partidos que han estado en el poder desde que empezó la crisis económica, la aparición de los “ciudadanos enfadados” en Alemania y los “indignados” en España deja en claro que existe una fractura entre la ciudadanía y la clase política.



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