Por David A. Fahrenthold y Juliet Eilperin
Los resultados de las elecciones intermedias de Estados Unidos (EU) darán un giro a la política de Washington con respecto al cambio climático. La opción de comerciar derechos de emisión, que es una herramienta administrativa para controlar la emisión de gases de efecto invernadero, ya estaba prácticamente muerta. Pero ahora su fin podría ser definitivo.
En la elección del pasado 2 de noviembre, los republicanos llegaron con una docena de nuevos representantes y senadores que se oponen a usar el esquema de los derechos de emisión para contrarrestar el impacto de los gases de efecto invernadero. Se estima que casi la mitad de los nuevos legisladores del Partido Republicano ni siquiera creen que exista evidencia científica que respalde la teoría del cambio climático provocado por el hombre.
Pero, según observadores, la elección podría alterar muy poco la política estadounidense sobre cambio climático antes de que inicie la cumbre de Naciones Unidas en Cancún el próximo 29 de noviembre.
La victoria de los conservadores finalmente enterrará el Plan A de la administración de Obama, que incluía presentar al Congreso una reforma histórica sobre cambio climático.
En esencia, el plan ya estaba muerto. Y con su nueva mayoría, el Partido Republicano tendrá algunas opciones para deshacer el Plan B de la Casa Blanca, que comprende una serie de nuevas regulaciones para eliminar la emisión de gases de fábricas y plantas de energía.
Este Plan B “no es suficiente para el nivel de emisiones que la administración quiere reducir”, dijo Robert Stavins, profesor de la Escuela de Gobierno John F. Kennedy de la Universidad de Harvard.
En la cumbre de Copenhague 2009, Obama dijo que EU reduciría sus emisiones “en un rango de” 17 por ciento por debajo de los niveles de 2005. La administración dice que Barack Obama todavía mantiene esa meta.
“No vamos a llegar a esa meta”, dice Stavins. “Pero vamos a llegar a algún lado”.
Las elecciones intermedias fueron la última de una serie de derrotas de los ambientalistas estadounidenses y sus aliados, mayoritariamente demócratas, en Washington.
La mejor época para los grupos ambientalistas llegó en el verano de 2009, cuando el Congreso pasó una propuesta que habría reducido las emisiones en EU.
Pero la iniciativa nunca tuvo eco en el Senado. Esto se debió, en parte, a que existía la preocupación de que tuviera un impacto económico negativo al encarecer los combustibles fósiles más contaminantes.
Y luego llegó la popularidad del movimiento Tea Party, que congrega a grupos que reciben apoyo económico de grandes corporaciones. Muchos de estos activistas ponen en duda la idea del cambio climático.
Esta actitud, alguna vez relegada a las fricciones de los debates en Washington, ahora tendrá una sólida base política en el Capitolio.
El Centro Liberal para el Progreso de EU estima que 43 de 98 legisladores republicanos cuestionan las investigaciones y conclusiones científicas sobre el cambio climático.
“No creo que haya suficiente evidencia científica para justificarlo”, dijo Marco Rubio, senador republicano electo en Florida.
Y el senador electo por Kentucky, el también conservador Rand Paul, señaló: “Yo creo que cualquiera que haga una conclusión absoluta está, probablemente, exagerando”.
El impacto de la elección intermedia ciertamente se sentirá en Cancún.
Durante años, los negociadores ambientales han dicho que la falta de acción de Washington para regular las emisiones ha estancado las pláticas a nivel mundial. Ahora el temor es que si los esfuerzos de EU se debilitan, se podría dar cobijo a otro gran emisor, como China, para no emprender acciones.
“No estoy de acuerdo (con los nuevos legisladores) y creo que no es una manera responsable de manejar los riesgos”, dijo Jens Stoltenberg, primer ministro de Noruega. “¿Es responsable escuchar a los que opinan que esto no es peligroso, en vez de escuchar a la mayoría que nos está diciendo que esto es realmente peligroso?”.
Pero, en el corto plazo, las expectativas de la cumbre de Cancún son demasiado modestas.
“Puede ser que ya esté un poco decaído el ánimo”, dice Eileen Claussen, del Pew Center para el Cambio Climático Global. “Las decisiones que se tomen podrían ser las mismas”.
Los ambientalistas dicen que su mayor esperanza no es que se llegue a un acuerdo global en Cancún, que era lo que esperaban después de Copenhague, sino una serie de pequeños convenios para reducir la deforestación o para ayudar a los países pobres a adaptarse a un clima más cálido.
Estados Unidos podría participar en pequeños acuerdos como éstos, dicen expertos, sin necesidad de lograr un gran tratado aprobado por un Congreso escéptico.
Más allá de la cumbre de Cancún, la Casa Blanca está preparando algunos planes para atacar el cambio climático sin esperar la ayuda del brazo legislativo. Después de la elección intermedia, Obama señaló que una propuesta que incluya el comercio de los derechos de emisión “era sólo una manera de llegar al punto, no la única. Era un medio, no un fin”.
Otro medio, según han dicho funcionarios de la administración, podría ser negociar un acuerdo con grandes plantas eléctricas para reducir sus emisiones, algo parecido al pacto que se firmó en 2009 con las plantas automotrices.
El próximo año, la Agencia para la Protección Ambiental (APA) también comenzará a exigir a los estados ciertos parámetros en cuanto a los gases de efecto invernadero que emitan sus fábricas y plantas de energía más grandes. Esta idea ha despertado una férrea oposición por parte de ciertos grupos del sector industrial.
Pero, por ahora, las ruedas burocráticas siguen rodando: una encuesta reciente encontró que sólo un estado, Texas, no se estaba preparando para expedir permisos conforme lo demanda la APA.
Para los republicanos, el contraataque para este Plan B sería pasar resoluciones que nieguen las regulaciones de la APA.
Antes de las elecciones intermedias, los senadores Lisa Murkowski, de Alaska (republicana), y Jay Rockefeller, de Virginia (demócrata), ya habían intentado esta táctica.
Seguramente se harán otros intentos, pero los expertos dicen que tienen pocas probabilidades de éxito porque Obama podría vetarlos.
Si Obama y los republicanos buscan las condiciones para lograr un acuerdo, podrían crear un paquete de subsidios para diversas fuentes de energía: energía “verde” (como la eólica y la solar), energía nuclear, y quizá investigar tecnologías como el “carbón limpio”.
(c) 2010, The Washington Post



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