El derrumbe de la mina San José en Chile que mantiene a 33 trabajadores atrapados, ha demostrado el sentido humano de los habitantes incluyendo a los dueños de la mina.
A diferencia de otros países en donde autoridades y directivos se echan la pelota para asumir la responsabilidad, los propietarios dieron la cara y pidieron una disculpa pública a las familias afectadas.
Los directivos de la minera San Esteban, Alejandro Bohn y Marcelo Kemeny, comparecieron ayer ante una comisión del Congreso chileno y aseguraron que la empresa contaba con las medidas de seguridad necesarias.
"Sabemos que nuestro dolor no tiene comparación alguna con su sufrimiento. Si en algo ayuda a mitigarlo, ofrecemos disculpas por estos días de angustia. Queremos subrayar que jamás tuvimos intención de provocar daño alguno a nuestros trabajadores, ni contamos con la información que permitiera prevenir una catástrofe de esta envergadura", dijo Bohn.
El empresario aseguró que el Servicio Nacional de Geología y Minería contó con un informe geotécnico completo cuando autorizó la reapertura de la zona luego de un accidente en 2006.
Durante los 11 meses que estuvo paralizada se llevaron a cabo los estudios pertinentes y se repararon las rampas inseguras.
"Lo hemos reiterado: no habríamos enviado trabajadores a la mina si hubiésemos sabido del peligro que esto involucraba", aseveró el empresario.
Los directivos pidieron a la opinión pública que no les prejuzgue a partir de insinuaciones maliciosas y sin fundamento y aseguró que la empresa hará uso de todos sus bienes para cumplir con sus obligaciones hacia los trabajadores y sus acreedores.
Foto: AP



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