Han pasado cinco años desde que Raúl Castro asumió el control del régimen cubano de parte de su convaleciente hermano mayor, Fidel. En aquel momento, el joven Castro -una extraña descripción para un hombre que cumplirá 80 años de edad en junio- resaltó en varias ocasiones las deficiencias económicas de la Revolución Cubana y se comprometió a corregirlas.
De hecho durante el año pasado, Raúl Castro sonó casi apocalíptico.
"O cambiamos de rumbo, o nos hundimos", declaró en diciembre. "Tenemos lo básico para corregir los errores que hemos cometido a lo largo de cinco décadas de construcción del socialismo en Cuba".
Esa retórica ha elevado las expectativas de que Raúl por fin permitirá la libre empresa y la apertura política que Cuba necesita tan desesperadamente.
Pero en el Congreso del Partido Comunista de Cuba realizado la semana pasada, la primera reunión de ese tipo desde 1997 y la primera bajo la dirección de Raúl, confirmó que hablar de la reforma en Cuba lo abarca todo.
En lugar de liberar la economía, Raúl esbozó un programa de privatización limitada que podría durar "al menos" cinco años.
La medida más drástica sería autorizar a los cubanos, por primera vez desde 1959, comprar y vender casas y coches, sin embargo en ese encuentro en el que Raúl ofreció pocos detalles, se recalcó que los cubanos no podrán acumular demasiadas propiedades.
Aún más decepcionante fue la falta de una reforma política, o incluso una reorganización de la jerarquía comunista. Sí, Raúl propuso la elección de más personas no comunistas para los cargos en el gobierno, pero no ofreció un plan más amplio para las elecciones o para la competencia real entre partidos.
En cambio, Raúl promovió a José Román Machado Ventura, un octogenario compinche de toda la vida como segundo al mando del partido.
Tampoco no hubo indicación alguna de que Cuba pueda contemplar a corto plazo un gesto conciliatorio hacia el gobierno de Barack Obama, como la liberación de Alan Gross, trabajador estadounidense de 61 años de edad condenado recientemente a 15 años de prisión bajo cargos de subversión.
La "revolución" cubana se ha degenerado en una gerontocracia confundida. Raúl aparentemente reconoce que los "errores" de los últimos cincuenta años han dejado al país casi en bancarrota, sin embargo, esto contrasta con su “firme convicción y compromiso de honor de que el Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista tiene como misión principal y significado de vida defender, preservar y continuar perfeccionando el socialismo, y nunca permitir el retorno del régimen capitalista".
Esto es una total contradicción en su intento de "actualizar" el cuestionado modelo cubano.
El discurso de Raúl Castro en el congreso estuvo lleno de los habituales ataques hacia el imperialismo estadounidense y los trabajadores cubanos inconformes.
Pero la verdad es que los problemas de Cuba son en su mayoría provocados por las decisiones de los propios hermanos Castro.
Es posible que eso nunca cambie hasta que el régimen de los Castro llegue a su fin
(c) 2011, The Washington Post.



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