Todos en Nuevo León esperaban una catástrofe, pero las autoridades no previnieron lo ocurrido en el penal de Apodaca.

La primera versión oficial fue una riña entre internos, pero luego de la contundencia de los hechos el gobernador tuvo que salir a dar la cara y aceptar la corrupción de la autoridad cooptada por Los Zetas.

Según familiares de internos, Los Zetas pudieron contar con armas punzocortantes y tener ingreso a una zona controlada por puertas de seguridad, para atacar a quienes son identificados como integrantes del Cártel del Golfo.

Fue un ataque sorpresivo cerca de las 2:30 de la madrugada, que contó con la colaboración de las autoridades, no solamente para matar, sino además para salir del Penal de Apodaca sin la mínima resistencia.

Y todo estaba programado, planeado, para que además Los Zetas que huyeron de la penitenciaría pudieran abandonar rápidamente la zona con transportación que ya los esperaba.

Solamente falta prevenir que no ocurra lo mismo en el sobrepoblado Penal del Topo Chico o en el de Cadereyta.

La autoridad tuvo que prevenir, pero no ejerció ninguna acción para blindar la división de los reos y para evitar que sus custodios trabajen para Los Zetas.

No importaron las amenazas previas, los mensajes en mantas y los asesinatos de celadores, tuvieron que morir 44 reos en una madrugada y fugarse otros 30 para que reaccionara el gobierno de Rodrigo Medina.

Hay decenas de asesinatos ligados al narcotráfico, pero el 31 de diciembre de 2010 los criminales fueron capaces de sacar a una prisionera y colgarla en Gonzalitos.

Y en junio del año pasado enviaron un mensaje al gobernador a través de una manta colgada sobre la avenida Constitución.

Fue una advertencia sobre la mezcla explosiva de Zetas y Golfo que estaba creciendo en los penales.

Por ello esta madrugada del 19 de febrero es una evidencia más de la corrupción de las autoridades penitenciarias y la lucha entre cárteles en las cárceles con sobrepoblación en Nuevo León.

Como Reporte Índigo lo informó hace ocho meses, los penales en Nuevo León son una bomba de tiempo regidos por normas impuestas por las organizaciones criminales.

Hoy 18 celadores y cuatro altos mandos penitenciarios fueron cesados de sus puestos por la evidente ayuda que recibieron Los Zetas.

No hay que olvidar que en este mismo penal murieron 14 reos el 20 de mayo de 2010.

Inicialmente las autoridades estatales dijeron que se trató de un incendio, pero la verdad es que los reos fueron asesinados por pertenecer a un grupo delincuencial y luego fueron quemados.

El vacío del Estado en las cárceles de Nuevo León propicia un sistema criminal al margen de la ley que se agrava con la sobrepoblación.

Hasta octubre de 2011 había 8 mil 596 reos en las 15 prisiones federales de la entidad, 36 por ciento  por encima de sus capacidades, según cifras de la Secretaría de Seguridad Pública federal (SSP).

El penal de Apodaca es el de mayor hacinamiento en Nuevo León.

Cuenta con mil 522 reos, equivalente a un 65 por ciento de sobrepoblación, de acuerdo con la SSP.

HUBO GOLPES UNA SEMANA ANTES

Uno de los reclusos asesinados de esta sobrepoblada prisión fue Ismael Alejandro Olmeda Perales, acusado de homicidio y transferido del penal del Topo Chico en noviembre pasado.

Andrea Olmeda Perales, madre de Ismael Alejandro, dice ante las cámaras de Reporte Índigo que una semana antes de la matanza, su hijo fue golpeado por una deuda monetaria adquirida en el penal.

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