El movimiento PRImera Avanzada que nace esta semana no solo pone en jaque a una dirigencia y a un gobierno estatal con falta de operación política dentro del tricolor de Nuevo León, sino que además es un parteaguas en la historia de ese partido, que siempre despliega la bandera de la disciplina interna.
Porque este miércoles por la mañana se reúnen cerca de mil priistas en un evento que no fue convocado por la dirigencia de Álvaro Ibarra.
Una reunión que tampoco fue emplazada por el gobernador Rodrigo Medina.
Y que congregando a experimentados priistas como Abel Guerra Garza, Óscar Herrera Hosking y Jaime Rodríguez Calderón, sin duda busca darle una lección al Comité Directivo Estatal del PRI de Nuevo León.
A ese tricolor que jóvenes priistas recibieron sin la experiencia del trabajo político de a pie.
Que tomaron el partido de manos de Natividad González Parás y ahora de Rodrigo Medina, claro, con la intromisión de su padre Humberto Medina Ainslie.
Al partido que por falta de comunicación rumbo al destape de candidaturas a puestos de elección popular y plurinominales, por la carencia de convocatoria y el nulo consenso con los sectores de ese organismo, hoy empezaría a contar con dos cúpulas de facto.
Porque este movimiento PRImera Avanzada surge como una disidencia que no solo pone en entredicho a la cúpula del PRI en el estado, sino que además pone bajo los reflectores a los principales organizadores de esta corriente y los eleva al nivel de la dirigencia de Álvaro Ibarra.
Y es que la insurgencia tricolor es convocada por el alcalde de García Jaime Rodríguez, pero cuenta con la inconformidad de las centrales obreras como la CTM, la CROC y la CNOP.
Organizaciones que son factor muy importante para captar lo que queda del voto priista corporativo, pero también para sacar candidatos internos de unidad, como lo planeó unilateralmente la dirigencia.
Porque Álvaro Ibarra salió a decir públicamente el 7 de enero pasado, que esta semana definiría las candidaturas del PRI al senado, a diputaciones federales y a las alcaldías.
Y es que según el dirigente, el 21 de enero deberán registrarse los aspirantes al senado y el 27 a las diputaciones.
Pero ese anuncio de Álvaro Ibarra no fue acompañado de un consenso priista. Fue una decisión unilateral.
Por otro lado, este movimiento inmediatamente levanta las antenas del CEN del PRI, porque la falta de consenso y de trabajo a nivel local pone en evidencia la nula operación para un proyecto nacional, para la candidatura que hasta ahora es de Enrique Peña Nieto.
Y si en el CEN priista suman esta grieta en Nuevo León a la que publicó Reporte Indigo que se desencadenó en Tabasco, tierra de Andrés Manuel López Obrador, el Comité Nacional debe estar pensando en un control de daños.
Porque a Nuevo León y Tabasco también se suma el mal sabor de boca que deja en Veracruz la revelación de manejos oscuros en las cuentas públicas de Fidel Herrera. Y está la inconformidad en Coahuila por la campaña contra Humberto Moreira por la deuda pública.


