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Dominio digital

Rodrigo Carbajal

Apple, Alphabet (Google), Microsoft, Amazon y Facebook concentran un valor de capitalización de mercado de 2.8 billones de dólares. La élite de Silicon Valley se ha convertido también en la élite empresarial global: estas empresas son cinco de las seis compañías con la valuación de mercado más alta en el mundo.

Esto representa un reconocimiento implícito a la capacidad de estas firmas para innovar y para mantener el control de sus respectivos mercados a través de prácticas que algunos reguladores podrían considerar anticompetitivas.


May 21, 2017
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122 Millones de dólares es el monto de la multa que la Comisión Europea impuso recientemente a Facebook por prácticas anticompetitivas en su servicio de Whatsapp

The Economist publicó en su artículo de portada una pieza en la que se argumentó que los datos han sustituido al petróleo como la materia prima más importante de la economía del siglo XXI

“Estados Unidos es un caso ejemplar. Es el hogar de la mayoría de las súper empresas digitales, pero  sus reguladores antimonopolio no han podido restringir el poder de mercado de estas firmas”

- Dalia Marin

Investigadora del centro de investigación Bruegel

Apple, Alphabet (Google), Microsoft, Amazon y Facebook concentran un valor de capitalización de mercado de 2.8 billones de dólares. La élite de Silicon Valley se ha convertido también en la élite empresarial global: estas empresas son cinco de las seis compañías con la valuación de mercado más alta en el mundo.

Esto representa un reconocimiento implícito a la capacidad de estas firmas para innovar y para mantener el control de sus respectivos mercados a través de prácticas que algunos reguladores podrían considerar anticompetitivas.

Conforme avanza la oleada digital de la denominada cuarta revolución industrial, han emergido voces críticas frente al control vertical de estas compañías en la generación, organización, almacenamiento y uso discrecional de datos. La semana pasada, el semanario The Economist publicó en su artículo de portada una pieza en la que se argumentó que los datos han sustituido al petróleo como la materia prima más importante de la economía del siglo XXI.

Efectivamente, si se controla la cadena de valor de la producción y uso de los datos, estas compañías tendrán un posición preferencial para desarrollar las industrias más relevantes de la economía del futuro. A los ojos de organizaciones como Open AI, una iniciativa que busca democratizar los beneficios tecnológicos, esta posición preferencial podría incluso representar un riesgo para la autoridad del Estado.

Al amparo del monopolio

Dalia Marin, colaboradora del centro de investigación europeo Bruegel, sostiene que las grandes firmas del sector tecnológico han crecido al amparo de prácticas monopólicas absolutas, que reditúan ingresos extraordinarios, que son reinvertidos para mantener su dominancia en los mercados incipientes del sector tecnológico.

El gasto anual en investigación y desarrollo de Apple, Alphabet, Microsoft, Amazon y Facebook alcanzará los 60 mil millones de dólares al cierre del 2017, según estimaciones de los reportes financieros de estas compañías. La cifra representa más del doble de los 26.7 mil millones de dólares que México recibió en inversión extranjera directa en el 2016.

Los críticos de Silicon Valley no sugieren que se reduzca el ritmo en el que las compañías tecnológicas invierten en investigación y desarrollo. No obstante, son enfáticos en señalar que el control que mantienen estas empresas sobre la generación y almacenamiento de datos les permite identificar oportunidades de negocio potenciales y tendencias que no pudieran resultar tan evidentes para competidores pequeños e incipientes. En caso de que una tendencia escape a los ojos de los gigantes de Silicon Valley, ésta se volverá evidente y podrá ser desarrollada o adquirida en una etapa temprana a un precio inferior al de su potencial de mercado.

El dominio de las grandes compañías tecnológicas es un círculo difícil de romper. Estas firmas han desarrollado barreras a la entrada altamente efectivas en sus respectivos mercados: el lanzamiento inicial de una red que compita con Amazon o Facebook es excesivamente costosa, pero su expansión es relativamente barata.

El papel del Estado

Las inclinaciones políticas de Silicon Valley usualmente son descritas como progresistas y libertarias. La intervención del Estado es, en el mejor de los casos, un estorbo para el desarrollo económico y tecnológico. Los enfrentamientos entre el gobierno estadounidense o la Unión Europea con empresas como Microsoft o Google por temas de carácter monopólico han sido constantes.

De hecho, la Comisión de Competencia de la Unión Europea, dirigida por Margrethe Vestager, impuso la semana pasada una multa de 122 millones de dólares a Facebook por practicas anticompetitivas en su negocio de mensajería instantánea (Whatsapp).

Sin embargo, más allá de las consideraciones de competencia, la ausencia del Estado en el desarrollo tecnológico implicaría una concentración excesiva de los beneficios del desarrollo de nuevos mercados tecnológicos.

El internet, que nació a partir de investigaciones financiadas por el gobierno, es citada como un ejemplo de este argumento. Su desarrollo fue de tal apertura y accesibilidad debido a que emergió como un tipo de bien público.             

Greg Brockman, fundador de Open AI, expresa que el desarrollo tecnológico no puede estar sujeto a las motivaciones de un pequeño grupo de personas: “Si el desarrollo de la inteligencia artificial se realiza únicamente a partir de empresas con fines de lucro, entonces es probable que estos sistemas sean desplegados para beneficiar a una sola organización o un grupo de personas”.

El gasto en investigación y desarrollo de los cinco gigantes de Silicon Valley es comparable al gasto del gobierno estadounidense en este rubro. En el 2015, el gobierno federal invirtió 67 mil millones de dólares en investigación científica, que no está relacionada con la defensa nacional.

No obstante, la diferencia de este gasto está en la focalización. El esfuerzo de Silicon Valley se concentra en lo que será la industria del futuro. Por ejemplo, Google invierte miles de millones de dólares en el desarrollo y aplicación de inteligencia artificial. En cambio, el gobierno gastó 1.1 mil millones de dólares en desarrollo en inteligencia artificial en el 2015.

El control vertical de la industria de datos pone el futuro económico en manos de una minoría corporativa. Open AI, insiste en que si el Estado no acelera su gasto en investigación y desarrollo en tecnología de última generación, estaría cediendo este control a intereses privados. Esto tendría fuertes implicaciones en términos de salud democrática y de deterioro de las condiciones de creciente desigualdad.


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