#MexicanosEnElExtranjero

Desigualdad moral

Silvia Flores Flores, de Torreón, Coahuila, cursó maestría en la Universidad Pontificia de Comillas

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Vivo desde hace siete años en España y, como muchos, tengo un perfil en Facebook. 

Entre mis amigos, la mitad son mexicanos y la otra mitad, españoles, y aunque cada uno muestra su individualidad en cada frase que escribe en su muro, tanto españoles como mexicanos reflejan las ideas colectivas de su sociedad en los razonamientos e ideas que publican. 

Y una de las ideas colectivas que llama mi atención es la solidaridad moral con la sociedad que integramos, o la falta de ella. 

Si en España se manifiestan los mineros, casi todos mis amigos españoles apoyan a los mineros, publican pancartas e insultos contra los dirigentes que los oprimen. 

Si los profesores de la educación pública se quejan de recortes presupuestales, leo a  mis amigos solidarizarse con ellos, aunque sus hijos vayan a colegios privados, porque saben que todos son España, que lo que le pase a uno afecta a todos. España es un país en crisis económica, pero con madurez social.

Cuando un candidato a presidente de México dice que va a ocuparse de mejorar las condiciones de los pobres, mis amigos de Facebook se manifiestan en contra de él: “Va a dar el poder a la clase obrera”,  “no está tomando en cuenta a la clase empresarial”.  

A los mexicanos nos unen el mariachi, pero nos separa la clase social, nos identificamos con el estrato económico al que pertenecemos antes que con nuestra condición de mexicanos.  

El Índice de Gini, que mide la desigualdad en la distribución del ingreso en los países, revela que México es el segundo país con la distribución de riqueza más injusta del mundo, solo después de Chile. 

A mayor desigualdad, menor es el índice de desarrollo humano y menor es el bienestar social. 

Hay otro índice de desigualdad que no mide el Índice de Gini, que nos impide de la misma forma construir una nación con auténtico bienestar social y es la desigualdad moral, la que nos divide por la forma en la que hablamos, el sitio donde estudiamos y hasta el tono de nuestra piel. 

Mientras la sociedad mexicana no se consolide como una sola y no nos sintamos afectados por lo que afecta a otro mexicano,  aunque el otro sea pobre o no tenga estudios, aunque uno sea obrero y el otro empresario, aunque uno hable náhuatl y el otro varios idiomas, no seremos capaces de construir una nación sólida y que dé cobijo y seguridad a todos los mexicanos. 

Ése, creo yo, es el tema más importante para México hoy en día. Y de ahí partiremos. 

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