El comportamiento de los mercados financieros al inicio de este año, así como el fortalecimiento de las monedas de los países emergentes (incluyendo el peso mexicano) con respecto al dólar, parecieran indicar que, de alguna manera milagrosa, durante las fiestas navideñas se superaron los problemas que agobiaron a la economía mundial y generaron una fuerte volatilidad durante 2011.
Esa visión, sin embargo, es engañosa. En realidad, la última semana de diciembre fue un intermedio de un drama económico que se reanudará, quizá con algunas novedades, en 2012. Pero, mientras eso sucede, los mercados aprovechan para tomar un respiro.
El guión de ese drama tiene varias vertientes, las cuales jugaron un papel importante en la volatilidad de las variables financieras y las expectativas de los inversionistas el año pasado. Destacan la lenta recuperación de Estados Unidos (EU), la crisis de deuda soberana en Europa y la pérdida de vigor de China.
Sin embargo, este año, el centro de atención será la situación en Europa, dejando en segundo plano lo que suceda en EU y Asia, que si bien seguirán siendo relevantes para la evolución de la economía global, no serán tan determinantes para los mercados como los acontecimientos que veremos en el viejo continente.
El calendario europeo para 2012 está repleto de eventos y fechas clave que, dependiendo de su resultado, pueden apuntalar el entusiasmo actual o inquietar nuevamente a los inversionistas, con sus subsecuentes repercusiones negativas sobre la actividad económica global, el precio de las acciones y la paridad de las monedas.
En lo que resta de este mes, por ejemplo, debemos seguir de cerca las negociaciones de Grecia con sus acreedores privados, a los que se les pide una quita de por lo menos 50 por ciento, lo que muchos analistas consideran insuficiente para sacar al país helénico del precipicio financiero en el que se encuentra.
El horizonte para Grecia, con quita o sin ella, luce desolador. Los próximos años serán dramáticos y dolorosos, con caídas en la producción, mayor desempleo y una generalización del descontento popular que bien pudiera descarrilar las mejores intenciones de los gobernantes.
En paralelo, el lunes 30 de enero conoceremos el resultado de las negociaciones del nuevo “compromiso fiscal” de las naciones de la eurozona, el cual sólo servirá para tratar de evitar que en el futuro se presente una nueva crisis, pero que en nada contribuye a resolver la que hoy agobia a muchos de sus miembros.



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