Al cierre de 2011, la inflación en nuestro país, medida por el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC), registró una variación anual de 3.82 por ciento, ligeramente por debajo de la cota máxima (4 por ciento) del intervalo meta establecido por el Banco de México (Banxico) y también inferior al 4.40 por ciento alcanzado un año antes.
Esto último pudiera interpretarse como un resultado positivo para la autoridad monetaria en México considerando su objetivo prioritario de procurar la estabilidad del poder adquisitivo de la moneda nacional. Sin embargo, el desempeño mencionado no es tan favorable si se toman en cuenta otros factores que se presentaron a lo largo del año pasado.
Para comenzar, en marzo y septiembre de 2011, la inflación anual se ubicó muy cerca del punto central de la meta oficial (3 por ciento anual), con tasas de 3.04 y 3.14 por ciento, respectivamente. No obstante, después de esos mínimos, repuntó cerrando cerca de 4 por ciento anual.
Este repunte ocurrió en un contexto de debilitamiento de la actividad económica. De acuerdo a los datos disponibles, nuestra economía creció 4.0 por ciento anual en los tres primeros trimestres de 2011, comparado con el crecimiento de 5.7 por ciento anual en igual lapso de 2010. Es decir, la inflación se aceleró a pesar del menor dinamismo de la economía.
Adicionalmente, el repunte inflacionario en México se presentó en un entorno internacional deteriorado significativamente por los problemas de deuda soberana en la eurozona y las complicaciones para elevar el techo de la deuda pública federal de Estados Unidos (EU), principalmente, lo cual contribuyó a oscurecer las perspectivas del crecimiento global.
En esas condiciones, llama la atención que tanto algunos analistas como la Junta de Gobierno de Banxico hayan planteado la posibilidad de reducir la tasa de interés objetivo de la política monetaria, es decir, la tasa de interés interbancaria a un día, mantenida desde julio de 2009 en 4.5 por ciento.
Por ejemplo, en el anuncio más reciente de política monetaria de Banxico, emitido el 2 de diciembre de 2011, la Junta señala que las condiciones de política monetaria laxa en los principales países avanzados “a la postre podría hacer conveniente un relajamiento de la política monetaria” en nuestro país.



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