Como cada año el mundo intentó leer entre líneas a Davos.

Se buscó saber qué personas van a la alza y quiénes a la baja, qué ideas decaen y cuáles son las nuevas que brotan. En suma, se intentó medir el pulso del estado de ánimo global.

Es por eso que la expectativa del Foro Económico Mundial 2012 era muy alta.

Y es que más de 2 mil 600 de las personas más ricas, inteligentes, poderosas, con influencia o ingenio emprendedor del mundo asistieron a un evento que históricamente ha servido para negociar la paz, evitar guerras, y establecer una agenda mundial.

Pero este año lo que sobresalió… fue que nada sobresalió.

En esta ocasión no hubo ninguna conferencia de prensa espontánea para presentar algún nuevo resultado, no hubo sorpresas de los conferencistas, ni alguien que se atreviese a tomar el riesgo de cambiar el guión.

Las opiniones y expresiones fueron tan disímbolas que es difícil encontrar una tendencia clara.

George Soros afirmó ser testigo del fin de la unión política europea. Otros dijeron que se dejó de hablar sobre “el fin del euro” porque ya se vislumbraba solidez en los planes monetarios de toda la región.

Por su parte el primer ministro inglés David Cameron dejó un mensaje simple: “Dejen a Europa, inviertan en Inglaterra”, mientras otros se aventuraron a mencionar a latinoamérica como un modelo a seguir.

Sí, antes se decía que el año no empezaba hasta que Davos no terminaba. Pero la realidad es que esta reunión poco a poco ha perdido su lustre de años pasados.

Basta recordar la fiesta inolvidable que ofreció en los años noventa el gobierno mexicano en la cual el anfitrión y figura estelar fue el entonces presidente Carlos Salinas de Gortari.

Ahora sabemos que poco tiempo después al país –y a su presidente– les fue muy mal.

Cómo olvidar en 2001 a Kenneth Lay cuando explicó ante una audiencia embelesada por qué su modelo de negocio –que había generado 100 mil millones de dólares de ingresos– representaba el futuro.

Ahora sabemos que su empresa se llamaba Enron, y conocemos el  fin de la historia.

Por ese escenario también alguna vez desfiló Carlos Menem con su milagro argentino, se presentaron los triunfales relatos de quienes invertían grandes sumas en la primera ola de empresas de Internet y se anunció la aclamada fusión de Time Warner con AOL.

Todas ellas historias con desenlaces catastróficos.

Y si en 2009, justo después del hundimiento de Wall Street, los banqueros dejaron sus lugares vacíos gracias a sus problemas financieros, este año ya están de vuelta y parece que nadie se acuerda que alguna vez se fueron.

Es por eso que no basta con escuchar lo que dicen y escriben los asistentes a Davos. Hay que poner atención en cómo se relacionan y comportan para captar el estado de las cosas en el mundo global.

Aun así, hay una cosa que se pudo captar este año: hoy Davos está pesimista, El Euro, La Eurozona y La Unión Europea son el tema del debate y hasta ahora nadie ofrece una respuesta clara.

Analicemos los ecos de Davos.

EL INVITADO INCÓMODO

En este 2012 ningún asistente al Foro de Davos pudo desinvitar al invitado incomodo.

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