En su último reporte, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) dio a conocer datos que a primera vista parecerían positivos para el país.

En este informe se proyectó a México como el tercer lugar con menor desempleo entre los países miembros de dicha organización.

Por supuesto que en muchos círculos la noticia fue recibida con mucho optimismo.

De inmediato voces oficiales comenzaron a festinar la noticia como un logro gubernamental.

Y es que el empleo es un dato clave para evaluar la situación de una sociedad. Cuando abunda se puede generar riqueza, disminuye la desigualdad y crecen las oportunidades de desarrollo.

Sin embargo algo nos hace sentir que este dato no refleja con nitidez  la imagen de nuestro país.

Al analizar más a fondo los datos surgen factores que no concuerdan con la realidad que pinta la OCDE.

Por ejemplo existen regiones como Nuevo León o el Distrito Federal que tienen índices de desempleo por encima del 6 por ciento.

Al mismo tiempo estados como Chiapas y Oaxaca registran datos de tan solo el 2 por ciento.

Esta cifra por sí misma obliga a profundizar en las estadísticas.

¿Cómo es que algunos de los estados más pobres tienen menor desempleo?

Si revisamos los mismos datos que publica el INEGI que describen los aspectos de la situación laboral y nos detenemos a analizar la Tasa de Condiciones Críticas de Ocupación (TCCO) es donde encontramos los primeros contrastes.

Esta tasa es un indicador de la calidad del trabajo, ya que arroja la proporción de gente trabajando por debajo del salario mínimo. Es decir por menos de 62.33 pesos por jornada laboral.

Es ahí donde los números comienzan a ser más consistentes con la realidad de los mexicanos.

Y es que los estados más pobres tienen las tasas más altas de gente trabajando por menos del salario mínimo.

Según el CONEVAL (Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social), el costo mínimo de una canasta básica alimentaria y algunos servicios esenciales, es de 2 mil 293 pesos mensuales.

Esto quiere decir que ni trabajando todos los días del mes, por ocho horas completas, un trabajador podría ganar lo suficiente para sobrevivir, esto según los estándares mínimos del organismo.

Entonces, ¿de qué sirve tener los primeros lugares en empleo, si los salarios no alcanzan ni para cubrir las necesidades básicas de los mexicanos?

¿Cómo es que en la OCDE somos campeones pero la realidad es que millones de mexicanos viven sumidos en la pobreza?

Para entender este dato hay que profundizar en las complejas cifras del desempleo en México.

Ahí algunas cosas no son lo que parecen.

Analicemos.

LOS 'INFORMALES'

Para entender los números del empleo en México tal vez la clave se encuentre en que para nuestros socios ricos de la OCDE el concepto de “empleo informal” no tiene relevancia.

En los últimos datos publicados por la misma OCDE en este rubro se puede ver que el porcentaje de empleo informal (incluyendo México) es del 18 por ciento.

Pero en los datos del INEGI las cosas son muy distintas y en territorio nacional este número es del 53.7 por ciento.

Todos los trabajadores registrados en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) –aproximadamente 14 millones– son apenas un poco más que los 13 millones que se estima que hoy trabaja sin derechos laborales o sin condiciones reguladas por la ley.

Pero, ¿cómo se mide en realidad el desempleo?

De acuerdo a la metodología más aceptada, acordada en la Organización Mundial del Trabajo (OIT), la primera barrera estadística que se tiene es distinguir entre la población económicamente activa (PEA) y el resto.

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