Los ciudadanos manifestaron con su voto del 4 de julio un deseo de cambio y por ahora el beneficiado fue el PRI, un partido que parece pavimentar su camino hacia la presidencia de la República en 2012.

De mucha política se habló en los últimos meses y de mucha política se hablará en el camino a la renovación de mandos en Los Pinos.

Sin embargo, al lado de las demandas por abatir la inseguridad hay una reflexión que invadió al elector al acudir a las urnas; ¿Dónde están los avances económicos?

En los próximos meses, los medios y las redes sociales serán inundados por un mar de ofertas encaminadas a ofrecer crecimiento económico. Abundarán las promesas como pocas veces lo hemos visto.

Pero hoy más que nunca a los buenos deseos no se los debe llevar el viento.

Y es por eso que hoy Indigonomics hace una propuesta y presenta el discurso económico que nos gustaría escuchar de parte de los políticos que aspiren a un puesto político en el 2012:

Mexicanos y mexicanas:

Hoy más que nunca es urgente rescatar al país no sólo del marasmo de la inseguridad, de la fuerzas oscuras del narcotráfico, sino también del nido de intereses que tienen trabada la llave del bienestar.

Hoy más que nunca es inaplazable la mejora en el terreno económico, que al detonar el empleo no sólo restará impulso al poder del narcotráfico sino se dará un paso importante en la de elevar el nivel de vida.

Es cierto que el país fue sacudido por una crisis internacional en el 2008.

Pero también es verdad que naciones como Brasil y Perú en la región de América Latina, o China, la India o los Tigres Asiáticos remontaron esta crisis mientras que en México asoman las sombras del estancamiento.

Es cierto que en los últimos dos sexenios se ha avanzado en la estabilidad económica, de precios y cambiaria y que México es destino de capitales procedentes del resto del mundo, principalmente de Estados Unidos.

Pero también es verdad que la mayoría de los capitales que llegan son especulativos y no de inversión productiva y representan un riesgo para el país.

Es cierto que en los dos últimos sexenios el país ha avanzado en la meta de la estabilidad cambiaria y que incluso el dólar se ha abaratado.

Pero también es verdad que las autoridades del Banco de México están contaminadas de un fundamentalismo económico que concibe la estabilidad cambiaria como un fin en sí mismo, y no como un medio para promover el desarrollo.

Sin contar con que un dólar barato en demasía es un obstáculo para las exportaciones y por ende para el crecimiento y el empleo.

Es cierto que México ha avanzado en la alternancia, pero también es verdad que esta transición democrática ha fracasado en dar prosperidad.

La historia nos enseña que la prosperidad económica precede en la mayoría de las veces al avance político.

Ahora, como nunca, hay que lanzar un combate frontal contra la pobreza. Es imperioso lanzar una gran cruzada por la educación, a fin de que nuestros niños y jóvenes aprendan a pensar y se sumerjan en la revolución tecnológica del Internet.

En el México de nuestros días el destino de la educación se juega en la ruleta de la política, porque la enseñanza está secuestrada por un sindicato y por los gobiernos y las fuerzas políticas que lo permiten.

Ahora, como nunca, México debe dar luz a las grandes reformas económicas que han sido frustradas por la falta de liderazgo, por el interés mediato de todos los partidos sin excepción.

México ya no puede esperar más.

Llegó la hora de concretar la reforma energética que detone la productividad en Pemex, que abra las puertas a la inversión extranjera para contar con recursos para la innovación y la exploración en aguas profundas.

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