Mientras en algunos países, como el nuestro, el futbol se ha convertido en la distracción perfecta para los problemas e inseguridad por los que atraviesa la sociedad, en otros lugares es algo todavía más importante para el pueblo.

Ese deporte que muchos continúan viéndolo como un juego donde 22 hombres corren detrás de una pelota y se abrazan como locos cuando logran colocarla dentro de una red, es la oportunidad perfecta para sentirse libres y vivos.

"Yo no vengo aquí para apoyar a un equipo en concreto, vengo por la libertad de gritar lo que quiera", dijo Kyaw Lin, joven de 15 años y originario de Myanmar.

En aquel país del sudeste asiático, las dificultades y la opresión social casi desaparecen al entrar a los viejos y desgastados estadios de futbol. Y es que es ahí donde los habitantes pueden liberar sus frustraciones.

El deporte es una vía de escape del tedio de la vida. Sin embargo, en Myanmar, con su policía secreta y penas de prisión de hasta 100 años para los que hablan en contra del gobierno, un partido de futbol parece algo más: una isla de la alegría ruidosa en un mar de pobreza extrema y el miedo.

Myanmar, antigua Birmania, es uno de los países más pobres de Asia y también uno de los más caros. Abrir una cuenta de teléfono celular cuesta 700 dólares. Un nuevo coche puede elevarse hasta los 200 mil dólares debido a los impuestos onerosos y permisos.

Pero dos cosas son particularmente baratas: el arroz (unos 15 centavos de dólar por un cubo pequeño) y un boleto para los partidos de futbol (70 centavos). Deliberadamente o no, el gobierno se parece al Imperio Romano tomando al futbol como el equivalente del pan y circo.

Entre las publicaciones privadas permitidas en Myanmar, los periódicos deportivos venden más que las dedicadas a información general.

"Cuando alguien se enfrenta a muchas dificultades y cargas en su vida diaria, quiere olvidarse de ellas", declaró el periodista deportivo U Ko Htut.

"No hay muchas personas que obtienen éxito en nuestro país. Queremos imaginar que son las estrellas de fubol. Queremos ponernos en sus zapatos", añadió.

Entrar en un estadio de futbol puede ser una experiencia de sentimientos encontrados. Los birmanos, en general amables, dejan la cortesía afuera de los inmuebles.

El alboroto en los partidos de futbol parecía estar cerca de convertirse en vandalismo debido a las peleas ocasionales entre los aficionados. Pero la tensión a menudo se desactivaba debido a que muchos fans se ponen demasiado borrachos como para poder levantar un puño.

La selección nacional de Myanmar tuvo su época de gloria en la década 50 y 60, cuando el representativo conquistó la Copa Pan-Asiática y superó en varias ocasiones a los rivales de su zona. Ahora FIFA ubica a Myanmar en el puesto 165 de un ranking de 203 equipos nacionales, por detrás de países como las Maldivas y  Bahamas.

Pese a esto, los habitantes de Myanmar esperan con ansia los partidos de futbol para por lo menos, durante 90 minutos, puedan ser libres y sentirse vivos.

 

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