El enfrentamiento de ocho escoltas de seguridad de Femsa con 20 sicarios del crimen organizado en el Colegio Americano es la última escena en la escalada de violencia y psicosis social que se vive en Nuevo León.
Y las versiones contrapuestas sobre el enfrentamiento despiertan más dudas que respuestas. Sobre todo cuando lejos de aclarar, se crea la confusión en un desfile de comunicados contradictorios.
Para Femsa y sus escoltas, se trató de un error de los criminales, que los confundieron con una banda rival de sicarios.
Pero su cadena de comunicados, hablando primero de heridos y luego reconociendo muertos, sembró más dudas que respuestas.
Para el Consulado de Estados Unidos, sin embargo, existen sospechas suficientemente fundadas para presumir el intento de plagio de un familiar de un alto ejecutivo empresarial.
Y por eso emitió un comunicado al que se adhirió la directiva del colegio. Para alertar a la comunidad norteamericana en Monterrey.
Pero éste no sería el primer incidente que enfrentarían los escoltas de seguridad de Femsa. Meses atrás, otro familiar de un ejecutivo fue “asustado” por un comando de criminales que lo interceptaron. El hecho, se dijo entonces, era un mensaje.
Pero que sea una confusión o un intento de secuestro es lo de menos. Lo que el crimen organizado exhibió en este episodio del Colegio Americano fue la superioridad y la impunidad con la que pueden operar a sus anchas en Monterrey.
Primero, porque “no se llevaron a nadie”.
Simplemente secuestraron a los seis escoltas dedicados en cuerpo y alma a cuidar a ese “alguien” indefenso. Si eso sucede con quienes tienen la posibilidad de pagar protección, qué puede esperar el ciudadano común y corriente.
Y segundo, porque el enfrentamiento se prolongó por 20 minutos, y ninguna fuerza de seguridad pública, municipal, estatal o federal, se hizo presente. Operaron con libertad en una de las horas críticas del colegio. El drama pudo ser peor.
Más aún, devolver a cuatro de los seis escoltas levantados con vida es una muestra más de la afrenta de poder de un comando que envía un mensaje. “Podíamos haber matado a todos, pero se los devolvemos con vida”.
Y ese riesgo de que los escoltas vivos puedan identificar a sus peligrosos captores sólo puede obedecer a que los sicarios buscaban algo superior. Y esa intención es que los elementos de seguridad privada llevaran un mensaje de regreso a sus jefes.
Coincidencia o no, el hecho del Colegio Americano sucede a 48 horas de que las cúpulas del sector privado de Nuevo León, lideradas por el Ccinlac, Coparmex y Canacintra, publicaran un desplegado exigiendo un “¡Ya basta!” contra la ola criminal en Nuevo León.
Exigían al presidente Felipe Calderón el envío de más tropas del Ejército y la Marina para reforzar el combate a la delincuencia organizada. Y al gobernador Rodrigo Medina, su apoyo total a la petición.



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