A casi cuatro décadas de su muerte, Eugenio Garza Sada es el más prototípico empresario de Monterrey.

Su genio creativo no tiene paralelo. Las compañías que cristalizó con su hermano Roberto, aun vendidas a extranjeros, son todavía el motor que aceita el Monterrey industrial.

Su espíritu de empresario socialmente responsable, muy adelantado a su tiempo, se pone de manifiesto con el fenómeno educativo que hoy se conoce como Tecnológico de Monterrey.

 

Tec de Monterrey

 

Y la violencia con la que fue asesinado en los turbulentos años 70, terminó de perpetuar una leyenda cuya figura se enaltece todavía más en estos días en que Monterrey vuelve a ser presa del crimen organizado ante la ausencia de un liderazgo esperanzador.

Por eso, al analizar el desencanto que prevalece en un Monterrey que se desdibuja en su liderazgo continental, voltear a ver al “don” del empresariado regiomontano es una obligación.

Sobre todo frente a una generación industrial que será recordada por preferir canjear su herencia con la venta a extranjeros de sus centenarias empresas.

Una clase empresarial tolerante con un poder político cada día más corrupto e incompetente, que con componendas y complicidades terminó adueñándose de sus silencios, primero, y de sus voluntades, después.

Un clan privado que quiso jugar a la democracia institucional pero fue incapaz de identificar en uno de los suyos a un capitán para marcar el rumbo del Tecnológico de Monterrey.

Por eso es obligado el referente de don Eugenio Garza Sada. Porque el antes y el después de Monterrey tras su partida no es un asunto simbólico. Es real.

La bala que el 17 de septiembre de 1973 segó su vida modificó sustancialmente la esencia empresarial de Monterrey. El valor se transformó en temor. La creación se convirtió en cesión y concesión. El espíritu retador frente al destino se achicó. Nadie volvió a llenar esos zapatos. Analicemos.

LOS MEDIOS FUERON EL MENSAJE

Nadie puede pretextar que los de don Eugenio Garza Sada eran otros tiempos. Más estables, más apacibles, más propicios para hacer negocios.

Nacido un 11 de enero de 1892 del matrimonio formado por Isaac Garza y Consuelo Sada, estos regiomontanos que figuraron entre los fundadores de la Cervecería Cuauhtémoc se vieron obligados a abandonar México en los años de la Revolución.

El joven Eugenio Garza Sada fue enrolado en la Western Military Academy en Illinois. Y trabajó al mismo tiempo como vendedor en una tienda de ropa y como multioficios en una sala de cine.

Su carrera profesional como ingeniero civil la cursó en el MIT (Massachusetts Institute of Technology) en Boston, donde se graduó en 1917, justo a tiempo para regresar con la familia a México para recuperar la cervecería.

De la mano de su hermano Roberto, los Garza Sada y otras prominentes familias de emprendedores, como los Muguerza y los Calderón, despegaron entonces las industrias periféricas a la cervecería que terminarían por adquirir vida propia.

Para fabricar las botellas, nació Vidriera Monterrey, hoy Vitro. Para las corcholatas, se hizo necesario producir acero a través de Hojalata y Lámina de Monterrey (Hylsa), hoy en manos argentinas. Grafo Regia y Empaques de Cartón Titán se crearon para producir las etiquetas y las cajas para empacar la cerveza.

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