Recuerdo cuando caminaba hace cinco años por las calles de Puerto Arista, Chiapas… todos los tacos y mataderos estaban ahí. Olía espantoso. Reflexioné y desde aquel momento tuve que cambiar. Empecé con el rollo de estudiar sobre el veganismo y ahí pues entendí qué se debe comer y qué no se debe… y se chingó.
Mi círculo social me ve como un freak pero está padre que a los pocos años les empiezan los achaques y luego te preguntan qué tomas o qué comes para mantenerte así. A cierta edad la vida te va cobrando factura.
Nos enseñan que tomemos leche, carne y que las calorías son lo peor. Vivimos en un error. Las proteínas no son necesarias para nutrir el cuerpo. Éstas son un macronutriente que si las consumes en su parte resultan ser más benéficas.
Las proteínas son como un caparazón o envoltura de un nutriente llamado aminoácido. Entonces, en lugar de comer la proteína es mejor ingerir directamente los 20 aminoácidos que necesitamos; 8 son esenciales, 2 más o menos esenciales y 10 no son tan esenciales.
Esos aminoácidos están en las plantas, por eso un caballo puede comer puro zacate y ¡crece! Lo mismo le pasa a un gorila, una jirafa, un elefante y una vaca, que no comen proteína animal. De esta idea viene el fundamento que el hombre tiene dientes chatos: porque también era rumiante de plantas.
De repente tragaban animales si los cazaban pero no había manera de mantenerlos sin que se echaran a perder. Hoy la comida industrializada, que es la que predomina, indica que todos los días comas carne o carbohidratos simples, como las harinas. ¡Error!
El menú
En un día normal desayuno fruta dulce y al día siguiente una fruta cálida, por decir plátano, pera y melón. Normalmente es un plátano, toronja, fresa, naranja o una frambuesa, pero eso sí, nada de lácteos que es puro veneno y nada de cereal, que es puro cartón. Si le agrego semilla chía, que es puro Omega 3 y 6; linaza o amaranto, que tiene aminoácidos, lo compenso para que tenga más nutrición.
Antes de comer me echo un jugo de verduras de hojas verdes y oscuras, o sea, acelga, perejil, cilantro, espinaca, lechuga romana, tomate, azafrán, pimiento, pepino, jengibre y zanahoria. Hago una montaña y la meto a un extractor que es un masticador. Éste lo que hace es no licuarlo porque si las licuas los nutriente se oxidan con el aire y los nutrientes se pierden.
Después de mi jugo verde, un arroz salvaje o un estofado de puras verduras con aceite de coco. De cenar nada. Y si ceno pues es cualquier cosilla. Si voy a un restaurante pues me trago un guacamole.
Te acostumbras
Me queda claro que alimentarse no es envenenarse. Para mí el veganismo es la única manera de alimentarme. Ahora tomo mi cuerpo como mi casa y tenemos que saber cómo funciona y qué le beneficia o qué le daña. Es responsabilidad de todos estar en la medicina preventiva y no en la que te quita los achaques.
La cosa es muy sencilla: Un pedazo de carne ¿qué es?, pues si lo entierras se hacen gusanos. Y si entierras una fruta o verdura crece vida. La filosofía está basada que éstos tienen nutrientes que son los que nuestro cuerpo necesita.
Yo no creo en otra manera de vivir.
Cuando dejas de comer el pescado, carne o pollo pues se te puede antojar pero ese antojo va desapareciendo, y si lo vuelves a probar te sabrá hasta feo. Con el tiempo se te quita la asociación de qué rico sabe y lo verás por lo que es: un animal muerto.
Las papilas gustativas van perdiendo ese sabor que antes te complacía.
¿Qué pasa cuando tienes cáncer?, el doctor te dice que no comas carne roja ni leche. La leche es para que crezca un becerro no para que crezca un humano. La materna tiene un cinco por ciento de proteínas y la de una vaca 35 por ciento.
Estamos en una era de información que te puedes dar cuenta de todo. No hay excusa. Hipócrates decía: Que la medicina sea tu alimento y tu alimento la medicina.









