Érase una vez un lugar lejos de lo habitual. En donde los pájaros emprendían el vuelo sin miedo a ser atrapados, en donde las personas ayudaban a un extraño sin temor a ser estafados, en donde el salario mínimo era de 18 dólares la hora.
Un lugar en el que cualquiera podía salir a dar un paseo por las noches sin que nada ni nadie lo asustara.
Un lugar en el que cualquiera estaba invitado a recorrer el camino de ladrillos amarillos y si quería un boleto de regreso a casa solo bastaba con juntar los pies y tocar varias veces los zapatos rojos.
Bienvenido al maravilloso y mágico mundo de Oz o como muchos lo conocen, Australia. Un lugar paradisíaco, donde el hombre llegó aproximadamente hace 42 mil años y no fue colonizado sino hasta 1770 por los británicos, ya que otros dejaron el camino abierto a los ingleses pues no valoraron las riquezas extrañas de este lugar.
Esas mismas riquezas que ahora en 2012 son valoradas por algunos mexicanos que cansados de vivir las injusticias de su país buscan un rincón lejos de la violencia, donde puedan ganar un poco más por sus carreras profesionales y donde puedan tener más contacto con la naturaleza fuera de la ciudad caótica y del estrés cotidiano.
El camino de ladrillos amarillos
Se dice que en la historia escrita por Lyman Frank Baum el camino de ladrillos amarillos significa la falsa promesa de oro, otros difieren. Así pasa con los mexicanos que llegan a Australia, muchos creen que su vida vale oro en este país mientras que otros van dejando sus sueños en las esquinas sin encontrar lo que tanta ilusión esperaban.
“Me vine a Australia para hacer una maestría y conseguí trabajo acá. Estoy muy contenta porque hago lo que me gusta, mis horarios son flexibles y gano más que en México. La calidad de vida es mucho mejor”, expresa con una sonrisa Verónica quien se fue a Oz hace algunos años.
“Mi esposo y yo hemos platicado. Sí extrañamos a México y por supuesto a la familia, pero nosotros queremos empezar a construir algo en este lugar”, comenta con ojos llenos de ilusión.
Otros como Sergio recorren el camino amarillo por otras razones: “Conocí a mi ahora esposa en un viaje a Europa, ella es australiana. Vivimos un tiempo en México porque a los dos nos gusta mucho, pero los balazos, las muertes de gente inocente y en general la inseguridad en el país nos orilló a tomar una decisión de vida y nos mudamos a Australia. Estamos muy contentos, aunque se extraña a la familia.”
Verónica y Sergio siguen recorriendo el camino amarillo y hasta ahora no se han visto en la necesidad de juntar sus pies y tocar algunas veces sus zapatos rojos para regresar a casa.
El Mago de Oz
En el libro muchos quieren llegar al Mago de Oz porque los ayuda con algún problema que tienen. Por ejemplo, el espantapájaros quiere un cerebro para pensar, el hombre de hojalata quiere ser un hombre de carne y hueso y el león quiere pedirle valor.
A diferencia de estos personajes los mexicanos le piden al Mago de Oz ayuda con su visado, algunas herramientas para mejorar su inglés y algunos consejos profesionales para buscar trabajo. En el 2012 el Mago de Oz son aquellas agencias informativas como Information Planet, que están abiertas para que llegue el extranjero directamente a preguntar cualquier duda que tenga. A veces las resuelven y otras veces no y es aquí donde muchos se dan por vencidos y comienzan a extrañar su casa.
Los zapatos rojos
El juntar los pies y tocar un par de veces los zapatos rojos significa el retorno a casa, “no hay un lugar como mi casa” dice Dorothy en la famosa historia. Pero ¿por qué otros mexicanos, a diferencia de Verónica y Sergio, deciden usar sus zapatos rojos y así regresar a casa? “Nos la pintaron muy padre, una experiencia como ninguna y aquí estamos mi amiga y yo a punto de subirnos a un avión a tres semanas de haber llegado a Australia. Pensábamos que esto era el paraíso y sí está hermoso, pero no es vida para nosotros”, dice Adriana desesperada.
Adriana y Alicia son dos estudiantes universitarias que llegaron a Oz con el deseo de estudiar, de superarse y también planeaban trabajar en algo que les pudiera pagar la vida costosa de Oz.
“Nos venimos con nuestros ahorros pero obvio se te acaban, nos dijeron que era fácil conseguir trabajo y aquí estamos sin trabajo. Mejor ya nos vamos”, reconoce Adriana.
Tres semanas fueron suficientes para que ambas utilizaran sus zapatos rojos para regresar a su México lindo y querido.
Lo cierto es que el mundo de Oz es maravilloso para los mexicanos si luchan por su ilusión, por llegar a tener en sus manos el oro y esto no se consigue pidiendo deseos al Mago, sino luchando y avanzando hasta llegar al paradisíaco lugar en donde los pájaros emprenden el vuelo sin miedo a ser atrapados.
Sí extrañamos a México y a la familia, pero queremos empezar a construir algo en este lugar”.
Nos dijeron que era fácil conseguir trabajo y aquí estamos sin trabajo. Mejor ya nos vamos”








