Me empecé a acercar al rock oficialmente cuando tenía como 12 ó 13 años y por supuesto que uno de mis grupos favoritos en ese entonces era Guns N’ Roses. Viendo uno de sus conciertos en MTV, “Live at the Ritz”, me llamó mucho la atención el baterista: Steven Adler. Las cámaras capturaban muchos de sus momentos, cosa que por lo general no ocurre. Casi siempre, se centran en el vocalista y en el guitarrista.
Adler tenía una batería muy sencilla: un tom de aire, uno de piso, una tarola, dos platillos y el ride. Curiosamente, conforme avanzaba el concierto, a los camarógrafos les iba llamando mucho la atención Slash. Ya para el final, las cámaras estaban centradas en él, que se volvió icónico y probablemente el guitarrista eléctrico más popular del planeta.
Años después, tuve la oportunidad de trabajar con él porque musicalizó mi película pasada, “This Is Not a Movie”. Para mí fue un sueño hecho realidad.
También conocí a Steven Adler. Alguna vez vino a promocionar su tributo a Guns N’ Roses que se llamó Adler’s Appetite, en honor al primer disco de la banda, “Appetite for Destruction”. Ya estaba muy enfermo de su adicción a las drogas, ya no podía hablar porque le había dado un infarto cerebral. Me rompió el corazón verlo así porque por él yo me había acercado a la batería.
Trauma: mi primera banda
Después conocí a Metallica y mi baterista favorito fue Lars Ulrich. Tuve un grupo que se llamaba Trauma que era en homenaje al primer bajista que tuvo Metallica, Cliff Burton, quien murió en un accidente en 1986.
Éramos tres amigos y yo y tocábamos trash metal, que es un subgénero de metal. Tocábamos una combinación entre Metallica, Sepultura y Megadeth, porque uno de los guitarristas de mi grupo era fan de Dave Mustaine. Todo esto ocurrió entre mis 13 y 17 años.
Llegamos a grabar un demo de diez canciones. Yo escribía las letras y la música la componíamos entre todos, aunque principalmente era labor del guitarrista porque él tenía más estudios.
Por supuesto que nosotros pensábamos que se convertiría en un disco, pero no fue lo suficientemente bueno. En realidad, el bajista y yo no le llegábamos al guitarrista. La verdad es que aunque había captado mi atención el baterista de Guns N’ Roses, yo quería ser guitarrista, pero como ese puesto ya estaba ocupado, me tuve que conformar con la batería.
Bateristas latinos
A mí me gustaba mucho el grupo brasileño Sepultura porque había cierta identificación con ellos por ser metaleros latinoamericanos. Sus videos se filmaban en zonas urbanas deterioradas y escenarios muy parecidos a México.
Y es que casi todos los grupos de heavy metal que había eran de Estados Unidos o de Inglaterra.
El baterista de Sepultura, Igor Cavalera, era espectacular. Lo he platicado con otros bateristas, como Lars Ulrich, que también admira al brasileño. Definitivamente es un virtuoso de la batería.
Dentro de la lista de bateristas mexicanos están Gizmo Reza, de Makina, un grupo que pudo haber sido el Sepultura mexicano y que habría llegado alto a nivel internacional; Vampiro, de un grupo que se llamaba Dashboard, y Randy de Molotov, es muy talentoso, muy preciso.
El “power trio”
Me ha servido mucho la batería. Para la locución radiofónica es muy importante el ritmo, y esa es una habilidad que adquirí gracias a este instrumento. Tener noción de música es vital también para la producción.
Cuando entré a Radioactivo, dejé de tocar la batería. Además mi cabeza estaba en el cine, estaba obsesionado con eso. No podía, ni quería, hacer una carrera musical.
Aun así, años después hice un grupo psicodélico, un “power trio” que se llamó Vincent Van Drugs con Javier Umpierrez e Iván “El Patas”, que de hecho hizo la música y el diseño de audio de la película de Molotov. Hicimos un demo de cinco canciones, pero el grupo duró muy poco tiempo. Todos teníamos mucho trabajo y andábamos en varios proyectos.
Hoy por hoy es complicadísimo para mí tocar la batería. El ruido, el espacio, el tiempo y tener con quien tocar han hecho que sea casi imposible continuar con este gusto.
Olallo Rubio
Director del documental “Gimme the Power” y locutor radiofónico, conocido por su trabajo en Radioactivo.
Con redacción de Stephania Corpi.








