Barítonos digitales
Presentados en 1983, los disquetes (también conocidos como floppys, 3.5 o discos flexibles) representaron el innovador concepto de la portabilidad de la información.
Con 1.44 MB de almacenamiento, eran el medio ideal para copiar archivos, hacer respaldos y compartir datos. Sin embargo, el nacimiento de las memorias USB terminó ellos.
Arrumbados, los disquetes permanecieron en el olvido durante muchos años, hasta que Michael Kohn y George Whiteside les dieron una nueva vida, al ritmo de la “Marcha Imperial”.
(d)iskette (o)rgan
Fue en febrero de 2011 cuando George Whiteside subió un video a YouTube titulado “Floppy Music-Imperial March” donde exhibía su nuevo invento: dos disqueteras que, haciendo girar floppys a ciertas velocidades programadas, emitían un sonido coherente que no le pedía nada a cualquier cover de la icónica canción de “La guerra de las galaxias”.
A ese video le sobrevino “El Fantasma de la Flóppera” y el éxito de Whiteside fue inmediato e internacional.
Así nació (d)iskette (o)rgan, el proyecto pionero de esta nueva manera de hacer música. Era el sueño de todos los nostálgicos de los floppys y de todos los amantes de “Star Wars” y las computadoras, afición casi obligada.
El zumbido en Re
George abrió una página de internet que junto con la de otro popular “músico” de su estirpe, Michael Kohn, son las fuentes oficiales para todo lo relacionado con la música en 3.5 pulgadas.
En su sitio, el inventor del “diskette organ” expone las bases teóricas y prácticas para que uno pueda construir su propia orquesta informática.
El funcionamiento es el siguiente: un floppy gira dentro de una disquetera a una velocidad constante, mientras que una cabeza de lectura/escritura de datos viaja a lo largo del radio del disco. Esta cabeza es impulsada por un motor, que combinado con los silencios, produce el sonido característico de los disquetes, ese zumbido universal.
Lo que Whiteside hizo fue diseñar un controlador a modo que le permitiera comunicarse con el motor de la disquetera, para así programar sus rítmicas interacciones.
Su controlador no lee o graba datos en los discos. Por el contrario, se comunica mediante una interfaz MIDI, similar a la que utilizan los sintetizadores, que convierte notas en frecuencias legibles para la disquetera. Las notas programadas son las responsables de la velocidad a la que giren los discos, las pausas que se hagan y la duración de la pieza.
Lo que empezó como un experimento con hardware viejo pronto se convirtió en una fiebre mundial por recuperar estos discos olvidados y ponerlos a trabajar al servicio de las notas.








