#Enlasillade

El marchante

No tengo el propósito de vender mi colección de monedas, sino hacer algo irrepetible, único, porque tiene su mérito haberla juntado, estudiado, investigado y sé que si alguien quisiera empezar no me llegaría ni a un 10 por ciento

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Mauricio Fernández, alcalde de San Pedro Garza García, en Nuevo León
Yo no tenía la mayor cantidad de dinero a los 20 años. Entonces, para mí comprar monedas era algo que nadie quería y además era un tema que muy poca gente sabía
"A mis 20 años tenía una colección importante de las cinco mil monedas que conservo... A mis 30 había escrito un libro muy especializado sobre la numismática mexicana”
Mauricio Fernández

Me acuerdo que desde que tenía seis años coyoteaba cosas. A mis doce años me dedicaba a comprar y vender armas por lo que los policías de San Pedro usaban las que yo les vendía. Al mismo tiempo, empecé con las monedas de cobre y ganaba una buena lana. 

Un día mi papá me preguntó de dónde había sacado ese dinero y me lo guardó en la caja fuerte. Me tardé  convencerlo que me devolviera mi dinero que me había ganado en comprar y revender cosas. 

Así que andaba de marchante a medida que también aprendía del tema. Mi obsesión o compulsión en algo me llevó a especializarme en monedas de cobre  que eran en ese entonces despreciadas entre los mexicanos. 

A mis 20 años tenía una colección importante de las cinco mil monedas que actualmente conservo. 

A mis 30 había escrito un libro muy especializado sobre las monedas que habían sido emitidas por los municipios y no por los Estados de la República.

Yo no tenía la mayor cantidad de dinero a los veinte años. Entonces para mí comprar monedas era algo que nadie quería y además era un tema que muy poca gente sabía.

Tuve la fortuna que casi todas las monedas pasaron por mis manos y eso me permitió revisar miles de piezas y aprender cuáles eran más raras que otras.

Monedas e historia

Poco a poco me fui metiendo a temas de la Revolución, la Independencia, la Colonia y fui relacionando la numismática con el sufrimiento que transcurrió México en el siglo XIX. 

Existen  muchas dudas sobre cuál es la primera moneda mexicana, por lo que me aventuré  a escribir mi primer libro. Cuenta la cultura numismática que la moneda de 1811 fue emitida por el general Morelos, pero en realidad era una moneda de la insurgencia. 

En 1536 se estableció la primera casa de moneda en el continente, por lo que las cecas de México hicieron durante la época de Carlos y Juana dos piezas: una de cuatro maravedíes y otra de dos maravedíes. 

A los indios no les gustaron y casi no se volvió hacer monedas de cobre hasta el virrey Calleja a principios de 1800, sin embargo, durante la Colonia sí se hiciero monedas pero no eran oficiales en el país. 

El negocio y la devaluación

En ese entonces existían los denominados pilones, tlacos o monedas de necesidad. Este último término hace referencia a que la gente lo veía como un medio de cambio dado que la menor denominación era un cuarto de real en plata y la mayoría de las personas ganaban un dieciseisavo de real por un día de trabajo, por lo que un cuarto de real equivalía ¡a una semana laboral! Por esta razón eran conocidas como monedas de necesidad. 

En ese entonces los comerciantes, hacendados y mineros empezaron a emitir su propia moneda con consenso de los virreyes, pero esto fue una perdición porque los negocios quebraban debido a que las monedas emitidas en muchas ocasiones no contaban con un respaldo o no eran aceptadas. 

Entonces hacer monedas era un negociazo porque lo que tenía de metal era muy poquito. Esto llevó a que se calculara en 1837 cuántas monedas de cobre había en el mercado y como resultado se encontró que había un kilo por habitante. 

Era tanta la moneda, que el gobierno empezó a devaluarla y cada vez que lo hacía pues se tenía la mitad de su valor original.  

Estas son historias estrujantes de México y, además, lo peor fueron  los préstamos internacionales que hipotecaron los bienes nacionales, aduanas,  casi todo el país. 

Y todo fue con la motivación de sacar de circulación el cobre. Porque era un caos. 

Entonces, el cobre sin duda alguna es una representación para entender la historia de nuestro país. 

No la vendo

En verdad hay muchísima falsificación de monedas contemporáneas.  

Miles de monedas tengo y en cada una de ellas implica verificar que sean auténticas. 

Mi colección no tengo propósito de venderla, al contrario, es hacer algo irrepetible. 

Llegas a un punto que tienes algo único y que se tiene un mérito de haberla juntado, estudiado, investigado y sé que si alguien quisiera empezar pues no me llegaría ni a un 10 por ciento. 

Ahora el cobre está como loco subiendo de valor. Pasan los años y tristemente hay menos calidad y cualquier ramo se ha ido agotando. 

Diario le dedico una hora a lo que me apasiona, investigo y trato de seguir coleccionando los objetos que las personas han dejado en el olvido. 

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