Todo iba saliendo a pedir de boca. En el Quinto Informe de Gobierno del Distrito Federal estaba presente la crema y nata del Partido de la Revolución Democrática (PRD) así como cuatro gobernadores de la República: Eruviel Ávila Villegas del Estado de México, Ángel Heladio Aguirre Rivero de Guerrero; Gabino Cué Monteagudo de Oaxaca y Leonel Godoy Rangel de Michoacán.

El operativo dispuesto por el Gobierno del Distrito Federal (GDF) logró que los grupos de inconformes no pasaran el filtro de seguridad. Así, los vecinos que se oponen a la construcción de la Supervía Poniente quedaron afuera del cinturón formado por la policía preventiva de la Secretaría de Seguridad Pública local (SSPDF).
El evento fue organizado con minuciosidad para que nada ni nadie opacara el gran día del titular de la administración capitalina. Marcelo Ebrard Casaubón arribó de la mano de su novia Rosalinda Bueso a la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF) en medio de porras, vivas y confeti arrojado a su paso por grupos afines al PRD.
Ambos lucían impecables. Él enfundado en un traje negro con corbata amarilla. Ella portaba una falda y un saco color azul marino. Saludaban de mano, de beso e incluso de abrazo a los adeptos del jefe de gobierno, quienes lo ovacionaban a su paso gritando su nombre de pila: “¡Marcelo, Marcelo, Marcelo!”.
Más de una vez la ex embajadora de Honduras acercó sus manos al corazón para luego repetir: “Gracias, muchas gracias, mil gracias”.
Luego de caminar por la calle de Donceles, subieron las escalinatas que los condujeron al interior del recinto legislativo. Iban tomados de una mano, y con la otra saludaban al público. La imagen de la pareja se veía proyectada en dos mega pantallas que fueron instaladas para que nadie se perdiera el detalle de lo que ahí acontecía.
Marcelo Ebrard se percibía satisfecho. Todo transcurría en calma y bajo control. Uno a uno, los diputados locales que pasaban a la tribuna elogiaban de una u otra manera la gestión del político. Pero cuando subió al estrado el legislador blanquiazul Juan Carlos Zárraga Sarmiento los rostros se desencajaron.
Fue en ese momento que la sonrisa se desdibujó del rostro del titular del GDF. Lo mismo ocurrió con el de Alejandra Barrales Magdaleno, la presidenta de la Comisión de Gobierno de la Asamblea Legislativa capitalina. Fue imposible evitar que apareciera “el prietito” en el arroz.
El discurso incómodo
Fueron diez minutos. Los más largos de la ceremonia del Quinto Informe. El diputado Juan Carlos Zárraga Sarmiento rompió con el protocolo y la monotonía del evento.
Al inicio de discurso el albiazul apeló a la ironía:
“Celebramos que usted haya saludado de mano al Presidente de todos los mexicanos diciéndole buenos días, señor Presidente”, dijo en referencia al saludo de mano que Ebrard dio a Felipe Calderón durante el Quinto Informe del titular de la Presidencia de la República.
Poco a poco, el tono del legislador opositor fue subiendo de tono. Zárraga Sarmiento increpó al jefe del gobierno capitalino el apoyo otorgado al Sindicato Mexicano de Electricistas en su toma del Zócalo durante meses; lo comparó con Manuel Camacho Solís quien, en esa alusión a su persona, dejó de sonreír.


