130 bandas, tres días, ocho escenarios y sólo música para el alma en el corazón de Chicago. Eso es Lollapalooza.
Estuve por allá con Alonso Rojo, un pibe que sabe armar muy buenas fiestas y con casi 75 mil personas más. Esta edición del festival estuvo llenísima.
El primer día llovió, así que buscamos un techo, paraguas, poncho o bolsa de plástico para intentar cubrirnos, pero a la mayoría no le importo darse un buen remojón.
La primera banda que vi fue White Lies y no tenía idea de quienes eran, pero suenan bastante bien. Ese día cerraban Kings of Leon y Depeche Mode y opté por ver primero a KOL y al igual que la mayoría del público.
Esto fue en el escenario dedicado a la música electrónica llamado Perry's, en honor a Perry Farrel, líder y fundador del festival e integrante de Jane's Addiction.
El segundo día, ya sin lluvia y mucho sol, empecé viendo a Gomez y luego Arctic Monkeys, Santigold que nos puso a bailar y después Lykke Li, que por cierto su sonido es adorable. Continúe con Ben Harper and Relentless7 y para terminar, los gritos de Yeah Yeah Yeahs y Tool.
El tercer y último día, no llegue a Kaiser Chiefs ni a The Airbone Toxic Event así que fui a explorar entre los escenarios. Mi verdadera misión del día era Sileversun Pickups, que si antes ya era fan, ahora lo soy más. Para mí, fueron los mejores del festival. Antes de ellos escuche al señor Lou Reed y terminé con The Killers.



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