Sabían dónde vivía, qué automóvil conducía, que organizaba matanzas en Monterrey, que entrenaba a Los Zetas en el mismo lugar donde este año encontraron 193 cadáveres, pero inexplicablemente tardaron cinco años en aprehenderlo.
Hay acontecimientos al interior de estas organizaciones que evidencian nuevos conflictos.
Rupturas intestinas en Los Zetas y el Cártel del Golfo que podrían derivar en más células criminales, en segmentos de los grupos armados que ya pelean entre sí en Nuevo León y Tamaulipas.
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