Para muchos fue el acontecimiento cinematográfico de la última década. Para millones fue el cierre de una historia que acompañaron fiel y fervorosamente. Para el cine fue el cierre de una saga de enorme trascendencia en la industria fílmica mundial, tanto en lo recaudado como en las referencias que deja para el imaginario colectivo global.
Es mundialmente conocido que México es uno de los más importantes mercados de comercialización de cine en el mundo. En otras palabras (y muy a pesar de una arraigada cultura de la piratería imposible de ocultar), los mexicanos dejamos en idas al cine muchísimo dinero.
A pocos días de haber iniciado el 26 Festival Internacional de Cine en Guadalajara, las reacciones de quienes habían visto Morir de Pie en sus primeras proyecciones empezaron a correr como reguero de pólvora entre la prensa acreditada y los invitados.
Para la mayoría de los amantes de los libros, las obras de los escritores deben de permanecer inalterables, como un testimonio a la dedicación que el autor tuvo con sus historias.
Describir a un festival de cine como el de Cannes es como tratar de explicar lo que sucede en un circo del tamaño del mítico Ringling Bros. and Barnum & Bailey Circus en los años en los que se le conocía como “The Greatest Show on Earth”.
En la última década, el documental se ha hecho de un merecido espacio en la cartelera mexicana. Todo inició, en buena medida, con Una Verdad Incómoda de Al Gore y los trabajos de Michael Moore.
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