Si había alguna duda que el negocio está antes que el deporte y que el verdadero dirigente del futbol mexicano no son los directivos sino las televisoras, ésta se despejó en el arranque de la Liguilla.
Usar la cabeza de la manera equivocada le costó a José de Jesús Corona decir adiós a la Copa de Oro, ganarse una etiqueta de persona agresiva, poco profesional y quizá, pasar un largo, largo tiempo sin defender la portería de la Selección Nacional.
Era momento de darle una sacudida y afinar el modelo de competencia del futbol mexicano, y la mejor opción que tuvieron los dirigentes del balompié nacional, fue volver al pasado.
Se acabaron los festejos, los reconocimientos y las condecoraciones a los integrantes de la Selección Mexicana Sub 17, que se coronó campeona del mundo de la especialidad.
Luego de una intensa actividad a nivel selecciones que le dejó a México desde alimentos contaminados que ocasionaron un doping positivo hasta un par de títulos internacionales, este fin de semana reinicia el torneo nacional con algunos puntos atractivos.
Desde el New York Times hasta El País, pasando por toda Latinoamerica, la noticia de la suspensión del partido entre Santos de Torreón y Morelia llamó la atención.
Por momentos se llegó a pensar que el país volvería a tener una celebración deportiva como la que se vivió por el título mundial de la categoría Sub 17.
Dicen que todo depende del cristal con que se miren las cosas para emitir un juicio sobre ellas, pero tras concluir la fase regular del presente torneo del futbol mexicano, la palabra mediocridad se impone sobre la de competitividad.
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