Uno de los bandos, el de los microbuseros, acusa a los policías de imponer a diestra y siniestra multas que nunca existieron para cumplir con cuotas exigidas por sus mandos.
El otro bando, el de los uniformados de tránsito, niega ser parte de la cultura del soborno tacha a los choferes de infractores asiduos y de provocar el caos vial en la capital.