Hace 65 millones de años un asteroide se estrelló contra la Tierra y originó Chicxulub, una cuenca de 300 kilómetros de diámetro en la costa norte de la Península de Yucatán.
Según científicos, esta colisión generó cambios ambientales que propiciaron la extinción de los dinosaurios.
Miles de años después, y debido a problemas ambientales, en la misma área sucumbió la cultura de Los Mayas, una de las civilizaciones más avanzadas de sus tiempos.
Hoy yace un acuífero de vital importancia para nuestro país. Un sistema único de cenotes y ríos subterráneos así como el segundo arrecife de coral más grande del mundo.
Esta zona es considerada una de las más vulnerables al cambio climático, donde la huella del hombre amenaza con seguir extendiéndose.
En esta península yacen algunas de las reservas más ricas de plantas y animales sobre el planeta, y ahora están en peligro de extinción.
A través de varios organismos internacionales se ha hecho patente que la vida en la Tierra enfrenta una crisis planetaria histórica.
“El consumo insostenible en muchos países del Norte y la pobreza en el trópico están destruyendo la naturaleza. La biodiversidad está sitiada”, asegura Conservation International, ONG sin fines que lucro que protege la biodiversidad del planeta.
Hoy la protección de las tierras silvestres depende de la preservación de ecosistemas que evitan la emisión de carbono a la atmósfera. Con su cuidado, se garantiza la existencia de la biodiversidad y calidad del aire.
El rol de cada ser humano para aportar algo en la misión de conservar al planeta es crucial.
Frente al número de especies en vías de extinción ningún presupuesto es suficiente si cada persona, sociedad o gobierno no aporta su mejor esfuerzo para evitar lo irreversible.

