Un chino con una camiseta en la que aparece la figura de Obama. Un brasileño con una pulsera que dice: "Yes we Can". Un europeo con una gorra que tiene la imagen del candidato demócrata de perfil (por cierto, hace recordar al Ché Guevara).
Miles de empresas han gastado millones en recursos para encontrar una marca que recorra el mundo entero. Un sello distintivo que los haga reconocibles. Y eso lo consiguió un político. Su nombre es Barack Obama.
Pero al ver este fenómeno mediático, las preguntas siguen en el aire. ¿Será capaz Obama de capitalizar su popularidad y cambiar la percepción que el mundo tiene de los Estados Unidos? Nicholas D. Kristof, editorialista del New York Times, ve este proceso como una oportunidad para renovar la "marca" de la otrora potencia todopoderosa e invencible.
En un análisis, el periodista observa en este cambio de percepción una salida para reconstruir el capital político norteamericano. Incluso compara la coyuntura con la del Plan Marshall en los 50 o la presidencia Kennedy en los 60. "El mundo concluyó que a fin de cuentas, Estados Unidos puede ver a través de la epidermis", dijo en su columna.
Para Dick Martin, autor del libro "Rebuilding Brand America", Obama se vendió bien porque representa un rompimiento con el pasado. El distanciamiento del candidato con la desastrosa y unilateral política exterior del gobierno de George W. Bush fue el primer paso que llevó al demócrata a representar una revolución del "American Dream".
Para John Quelch, decano de la escuela de negocios de Harvard, los resultados de los comicios dieron un giro inesperado al rumbo de Estados Unidos. "Su victoria", dijo, "permitirá al país empezar de nuevo".
En una escena del documental "Super Size Me", que nos mostró los horrores de consumir comida rápida, especialmente la de McDonalds, los productores del filme les mostraron a unos niños las fotos de personajes famosos, como George Bush y Jesucristo. Les preguntaron si sabían sus nombres. La gran mayoría de los entrevistados no pudo contestar.
Sólo pudieron hacerlo al llegar a una imagen que rápidamente reconocieron: "¡Es Ronald McDonald!", exclamaron. A últimas fechas, algo así parece suceder en el mundo con Obama. Tal vez, si ponemos a cualquier adulto en edad de votar frente a las imágenes de Vladimir Putin o de Angela Merkel, no pueda reconocerlos. Pero, sin duda, reconocerá al carismático político afroamericano.
Y fue cuestión de tiempo para que el producto de moda llamado Obama se colara en las mentes de los electores/consumidores, quienes cayeron redonditos ante sus encantos. A varias semanas de la elección, cuando la temperatura por la victoria alcanzada ya descendió, es posible analizar la gran responsabilidad que Obama se echó a los hombros con su pegajoso slogan "Cambio".



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